Un grupo de manifestantes reclama la acogida en Alemania de los migrantes de Moria

Un grupo de manifestantes reclama la acogida en Alemania de los migrantes de Moria (FOTO: Christian Mang - Reuters)

El número de migrantes llegados a Alemania durante el mes de mayo se ha duplicado con respecto a 2020. Según los últimos datos de las autoridades, 8.278 personas registraron solicitudes de asilo en el país en mayo, por 3.777 del año anterior, en el que la pandemia de COVID-19 provocó un frenazo de los flujos humanos. Este país se mantiene como la primera opción de muchos de los demandantes de protección internacional que abandonan sus hogares, aunque se han producido algunas críticas por la manera en que se han tratado algunos asuntos, como la deportación de nacionales afganos o las condenas a personas que ayudan a migrantes.

De los 8.278 migrantes que han iniciado los trámites para quedarse de manera permanente en Alemania, 3.776 son sirios, 1.694 afganos y 651 iraquíes. Estas cifras se corresponden con las estadísticas generales proporcionadas por la Oficina Federal para la Migración y los Refugiados, que han registrado un total de 67.646 demandantes de asilo desde el principio del año, la mayoría procedentes de Siria y de Afganistán; 11.317 de ellos ya han sido reconocidos como refugiados y otros 443 han recibido el asilo. En 2020, las autoridades del país registraron 1.118.033 llegadas, un descenso de 400.000 respecto a 2019.

2.700 de los demandantes de asilo que entraron en Alemania en 2020 procedían de campos de refugiados en Grecia. El Ejecutivo de Angela Merkel inició el año pasado un programa para acoger a una parte de estas personas, especialmente a los niños. El proyecto fue exitoso, pero concluyó en abril de 2021, dejando a muchos migrantes en los campamentos helenos, muchos de los cuales están en malas condiciones y no ofrecen suficiente cobertura para ellos. Por tanto, el pasado 9 de junio, un grupo de ONG y asociaciones humanitarias, entre ellas Amnistía Internacional o Save the Children, pidieron a Alemania que acoja a más personas procedentes de Grecia.

Estas organizaciones consideran que el país germano, identificado por ellos como un Estado comprometido con la acogida de migrantes y refugiados, ofrece una perspectiva de seguridad y futuro para todas las personas a las que recibe, sobre todo los menores, y esperan que el Gobierno de Berlín reconsidere su decisión de terminar el programa de reasentamiento. Las mismas ONG han denunciado también que solamente un 20% del total de los migrantes residentes en el país se ha vacunado de la COVID-19, si bien han reconocido que no se debe a que no se les haya incluido en el plan de inmunización, sino a la desconfianza existente entre los migrantes.

Por ello, el Gobierno del land de Baja Sajonia presentó el 12 de mayo de 2021 una campaña para animar a los demandantes de asilo residentes allí a vacunarse contra el coronavirus y para despejar sus dudas sobre la efectividad del remedio y sobre su seguridad personal, ya que muchos temen ser deportados si acuden a inocularse. La iniciativa organizada por el Ejecutivo regional consiste en vídeos sobre la vacunación en 15 idiomas y la movilización de trabajadores sociales e intérpretes para distribuir materiales sobre este tema a las personas que estén interesadas en recibir el remedio contra el coronavirus, pero aún no se hayan decidido.

 

Siguen las deportaciones a Afganistán

Sin embargo, no todo son buenas noticias en Alemania. El pasado 9 de junio, 42 hombres fueron enviados a Kabul desde el aeropuerto de Leipzig/Halle. Las autoridades del país justificaron la decisión afirmando que 40 de ellos habían estado en la cárcel por varios crímenes, entre ellos robo, posesión y tráfico de drogas y agresión sexual. Pese a ello, el Consejo de Refugiados de Sajonia se manifestó en el exterior del aeródromo para protestar contra la decisión de las autoridades.

Desde 2016, más de 1.000 personas han sido deportadas de Alemania a Afganistán, pese a la opinión crítica de algunas ONG, que insisten en que este país árabe es demasiado peligroso para el regreso de estas personas ante los ataques que se producen prácticamente cada día y la presencia de ISIS en el país. Los talibanes han ganado ya el control de buena parte de las regiones de Afganistán, y la capital, Kabul, está cercada por este grupo insurgente, que ambiciona con obtener su control. Pese a ello, el Ministerio del Interior ha asegurado que se van a mantener estas deportaciones.

Además, el 4 de junio pasado, un tribunal bávaro multó con 500 euros a una monja alemana, Juliana Seelmann, por haber ayudado a dos mujeres nigerianas amenazadas con ser deportadas del país. Ambas migrantes habían huido de la prostitución en Italia, y Seelmann, de 38 años, las acogió, pero las autoridades han determinado que no debió hacerlo. La sentencia provocó duras reacciones por parte de organizaciones de ayuda a los refugiados y del Grupo de Trabajo Federal Ecuménico para el Asilo en la Iglesia, quien, en un mensaje en Twitter, afirmó: “Ayudar a la gente en situaciones desesperadas no puede ser un crimen”.

Pese a todo esto, Alemania sigue siendo el país de referencia en la gestión migratoria europea. Desde 2013, ha recibido más de un millón de demandantes de asilo al año, con el máximo en 2015, cuando llegaron 2 millones. La canciller Angela Merkel ha mantenido desde el inicio de la crisis humanitaria de 2015 y 2016 una política de puertas abiertas para las personas que huyen de la guerra y la pobreza, aunque esto le haya generado problemas políticos y tensiones.

Sin embargo, todo podría cambiar el próximo 26 de septiembre, fecha de las elecciones federales alemanas, las primeras sin Merkel como candidata de la Unión Cristianodemócrata (CDU). El próximo canciller será quien tenga que determinar si sigue el rumbo marcado por su antecesora en materia migratoria o marca un perfil propio. Muchos demandantes de asilo seguirán con atención estos comicios.