Un grupo de migrantes indocumentados en la región de Evros

Un grupo de migrantes indocumentados en la región de Evros (FOTO: EPA)

Más de 1.300 personas han fallecido en el mar intentando llegar a las costas europeas desde el inicio de 2021, según datos de la Organización Internacional para las Migraciones (OIM). La ONG Caminando Fronteras eleva la cifra hasta los 2.087. La mayoría de ellos carecen de identificación, y por ello son enterrados en cementerios locales sin nombre ni fecha en su lápida. Sin embargo, dos forenses que trabajan en zonas especialmente transitadas por los migrantes se han propuesto acabar con esta situación, y desde hace dos décadas se dedican a hacer la autopsia a estas personas y a identificarlas y repatriarlas.

El primero de ellos, Pavlos Pavlidis, trabaja en un hospital de Alejandrópolis, una ciudad griega cercana a la frontera con Turquía, y desde 2000 se dedica a hacer la autopsia a los cuerpos de todos los migrantes no identificados encontrados en la región de Evros. A lo largo de este tiempo, el doctor ha logrado identificar a más de 500 personas, 38 de ellas en 2021. Su trabajo es especialmente difícil, porque muchos de los cuerpos llegan a su mesa cuando han pasado 20 días de su muerte, y están por tanto en un avanzado estado de descomposición.

Este retraso ocurre porque la región de Evros tiene muy pocos habitantes, y muchos cadáveres permanecen durante días en zonas boscosas hasta que se les encuentra. Además, el agua suele desfigurar el rostro de los migrantes fallecidos. Las razones de la muerte de estas personas son similares: ahogamiento, hipotermia, accidentes de tráfico… Muchos de ellos se refugian en las montañas huyendo de la policía, se pierden y acaban muriendo de frío o por un accidente. Para este trabajo, el forense reconoce que debe hacer un gran esfuerzo psicológico para sobreponerse al drama humana que le rodea, aunque a veces es imposible.

“El protocolo es siempre el mismo: la policía me llama cuando encuentran un cuerpo y envían el cadáver al hospital. No trabajamos solos, nos ayudan las autoridades. Intercambiamos datos para la investigación: hallazgos iniciales, presencia de documentos en el cadáver, momento del descubrimiento…”, declara el forense. Pavlidis suele buscar características distintivas en los cuerpos, como cicatrices, tatuajes o alianzas de matrimonio, para iniciar el proceso de identificación, aunque también se comunica con los familiares que hayan denunciado una desaparición y a los que se hace una prueba de ADN para cotejarla con el cuerpo y confirmar su identidad.

 

"En el futuro nos verán como monstruos"

En Algeciras, otra de las zonas con más tránsito migrante de Europa, procedente de varios países africanos, trabaja otro patólogo forense, el doctor Martín Zamora. Dueño de la funeraria Southern Funeral Assistance, lleva veinte años dedicándose a la identificación de los migrantes muertos en el Estrecho, y en este tiempo, ha conseguido repatriar a más de 800 personas a sus países de origen. En declaraciones al New York Times, Zamora insiste en el carácter humanitario de su desempeño, y afirma: “Yo muchas veces pienso que dentro de unos años nos verán como monstruos porque se darán cuenta de cómo dejamos a la gente morir así”.

Zamora trabaja de manera similar a Pavlidis, y cada vez que recibe el cuerpo de un migrante muerto, se fija en detalles externos que permitan identificarle, principalmente su ropa. La mayoría de las personas que pierden la vida en esa zona del Mediterráneo proceden de Marruecos, y por ello, el forense ha pedido en numerosos casos ayuda a las familias, llegando a viajar al país alauita para encontrarse con ellos y confirmar su identidad. Según varias personas residentes en Algeciras, Zamora cubre un vacío dejado por las autoridades, y por ello es muy apreciado por la comunidad musulmana.

La pequeña localidad de Sidiro, a escasos kilómetros de la frontera entre Grecia y Turquía, acoge un cementerio en el que descansan para siempre más de 200 personas que intentaron cruzar el Mediterráneo y murieron en el intento. Pese a que no se sabe ni su nombre ni la fecha en la que fallecieron, la mayoría de ellos recibieron los ritos musulmanes antes de ser sepultados. La historia detrás de estos migrantes sin nombre es la de cientos de miles invisibilizados por las grandes cifras. La labor de individuos como Pavlidis y Zamora y la de organizaciones como la OIM o Caminando Fronteras contribuyen a iluminar las sombras del reto migratorio europeo y devuelve la dignidad, aunque sea a título póstumo, a todas estas personas.