El Equipo Olímpico de Refugiados desfila en la inauguración de los Juegos de Tokio

El Equipo Olímpico de Refugiados desfila en la inauguración de los Juegos de Tokio (FOTO: Twitter)

El pasado viernes 23 de julio, se dio el pistoletazo de salida de los Juegos Olímpicos celebrados en Tokio. En la ceremonia de inauguración, tras Grecia, que sale siempre en primer lugar por ser la fundadora de la competición, desfiló un conjunto de atletas bajo la bandera olímpica. Por segunda ocasión consecutiva, el Equipo Olímpico de Refugiados (EOR), un combinado de deportistas de alto nivel a los que varios países han concedido asilo, pero no nacionalidad, buscará obtener alguna medalla en el evento polideportivo por excelencia.

El EOR está formado por 29 deportistas, el triple que en los anteriores Juegos, los de Río en 2016, que participarán en 12 disciplinas como el atletismo, el taekwondo o el ciclismo. La mayoría de ellos proceden de Siria, Sudán del Sur e Irán, aunque hay también un venezolano, el boxeador Eldric Sella Rodríguez.  Entre los seleccionados, hay seis que ya participaron en Río, entre ellos la nadadora siria Yusra Mardini o el corredor sudanés del sur Paulo Amotun Lokoro. En las semanas previas a los Juegos, todos ellos entrenaron en sus respectivos deportes en Doha, la capital de Qatar, donde disponían de instalaciones contratadas por el Comité Olímpico Internacional (COI).

La iniciativa de crear un equipo para los refugiados nació en 2015, en plena crisis migratoria. Hasta entonces, como recuerdan fuentes del COI, estas personas no tenían derecho a competir. “No era solo por el dinero. No tenían país al que representar”, explica Olivier Niamkey, el número dos del programa para refugiados del Comité. Pronto se inició una búsqueda para decidir quiénes podían ser incluidos; inicialmente, se presentó un grupo de 43 candidatos, muchos de los cuales no tenían ni siquiera zapatillas deportivas y, en algunos casos, desconocían incluso lo que eran los Juegos Olímpicos.

Al mismo tiempo, el COI y el Alto Comisionado de Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR) iniciaron unas negociaciones para que los solicitantes de asilo pudieran estar representados en los Juegos de 2016. Finalmente, el 3 de junio de 2016, a dos meses del inicio del evento, se anunció la creación del Equipo Olímpico de Refugiados, que estaría dirigido por la corredora keniata Tegla Loroupe, quien había participado en la selección de los atletas. En la ceremonia inaugural, la corredora de Sudán del Sur Rose Lokonyen fue la elegida para llevar la bandera con los cinco anillos olímpicos que identificaba al EOR, mientras que en el cierre fue el judoca congoleño Popole Misenga. Si bien ninguno de los atletas obtuvo medalla alguna, el éxito ya estaba garantizado por el mero hecho de su inclusión.

Tras la experiencia positiva de Río, el COI mostró públicamente su orgullo por este proyecto. “Queremos enviar un mensaje de esperanza a todos los refugiados del mundo”, declaró entonces el presidente de la organización, Thomas Bach. Por ello, se decidió extender la iniciativa, destinando 3 millones de dólares entre 2016 y 2021 a becas para 56 atletas refugiados. La muestra del éxito de esta nueva financiación es el considerable aumento en el número de miembros del Equipo Olímpico de Refugiados para estos Juegos de Tokio.

 

Los antecedentes en la historia de los JJOO

Desde que en 1896 se celebraron en Atenas los primeros Juegos Olímpicos modernos, se han producido numerosos ejemplos de atletas que han competido en combinados creados excepcionalmente por una situación concreta. El más conocido de todos fue el Equipo Unificado, que participó en los Juegos de 1992 en Barcelona, y que estaba formado por los deportistas de 12 antiguas repúblicas soviéticas, entre ellas Rusia, Ucrania y Alemania, en las que aún no existían federaciones nacionales. Aquel grupo tuvo mucho éxito, ya que fue el combinado que más medallas ganó: 112, 45 de ellas de oro. El equipo participó también en los Juegos de Invierno de 1992 en Albertville, y posteriormente desapareció.

En el mismo año, las sanciones a las federaciones de la República Federal de Yugoslavia y de la República de Macedonia, que les impidieron participar en aquellos Juegos Olímpicos, provocaron que 58 atletas procedentes de ambos países compitieran como independientes. Tres lograron medallas, una de plata y dos de bronce, todos ellos en tiro. Ocho años después, en los Juegos de Sídney de 2000, cuatro atletas de Timor Oriental revivieron el grupo de los Participantes Olímpicos Independientes, aunque sin obtener ningún triunfo.

En esta línea, en los Juegos de 2012, en Londres, cuatro deportistas, originarios de las Antillas Neerlandesas, país disuelto en 2010, y de Sudán del Sur, que acababa de ser creado, pudieron participar en las diferentes pruebas. Cuatro años después, en Río de Janeiro, nueve kuwaitíes se registraron como independientes, obteniendo dos medallas, una de oro y una de plata. El caso más extremo ocurrió en los Juegos Olímpicos de Invierno de 2018 en Pyeongchang, cuando la sanción por dopaje contra Rusia provocó que 168 deportistas de este país decidieran enrolarse en el equipo de los Participantes Olímpicos Independientes, obteniendo 17 medallas, dos de ellas de oro.

Uno de los deportistas seleccionados para participar en los Juegos Olímpicos de 2016 bajo la bandera de los refugiados, el velocista Gai John Nyang, afirmó en un reportaje de la revista Time: “Correr es como una medicina para mí. Cuando corro, me calmo”. La iniciativa del COI y ACNUR de crear un equipo para que los demandantes de asilo puedan optar a medallas en el mayor evento polideportivo del mundo ha resultado un acierto, ya que, aunque hasta ahora ninguno de los participantes ha obtenido una victoria, ha permitido que personas con aptitudes deportivas sobresalientes puedan acceder a pruebas que eran impensables para ellos ante la ausencia de nación o de reconocimiento jurídico.

El aumento de la financiación a este proyecto por parte del Comité Olímpico Internacional permite prever que cada vez más deportistas integrarán el EOR en futuros Juegos. De momento, esta es la única iniciativa de este tipo, si bien otros organismos, como la FIFA, están trabajando en proyectos similares con el objetivo de mejorar la integración de los solicitantes de protección internacional, por lo que no es descartable que, en el medio plazo, haya equipos de refugiados en otras competiciones.