Un pasaporte español

Un pasaporte español (FOTO: Ricardo Rubio / Europa Press)

La obtención de la nacionalidad es el final de un complicado proceso, emprendido por los migrantes en sus países de origen, que suele extenderse durante varios años y que está lleno de dificultades e incertidumbres. La residencia permanente ofrece estabilidad a los demandantes de asilo, que pueden construir una nueva vida y reagrupar a sus familias en el país de acogida. Pero estos trámites no tienen la misma duración en todos los países ni el mismo nivel de exigencia, y existen además diferencias según el tipo de migrantes para la obtención de dicho reconocimiento.

En España, por ejemplo, el artículo 22 del Código Civil regula que, para un migrante consiga el pasaporte, deberá haber residido en el país durante al menos diez años. El plazo se reduce a cinco si se trata de un refugiado, y a dos si su país de origen es Portugal, Andorra, Filipinas o Guinea Ecuatorial, si procede de algún Estado hispanoamericano o si puede probar que su origen es judío sefardí.

Hay, además, una serie de personas, como aquellas que han nacido en España de padres extranjeros o quienes lo hayan hecho en el extranjero con padres o abuelos españoles, que solamente tendrán que esperar un año para obtener la ciudadanía. En todos los casos, estos migrantes deben aprobar el Diploma Español como Lengua Extranjera (DELE) y el examen de Conocimientos Constitucionales y Socioculturales de España (CCSE).

La nacionalidad italiana dada de 1861, fecha de la reunificación nacional. Desde entonces, una persona que haya residido legalmente en este país durante al menos diez años puede iniciar los trámites para lograr el pasaporte. Por su parte, los descendientes de abuelos italianos en otro país solo tienen que esperar tres años, y los refugiados y apátridas, cinco. El pasaporte puede obtenerse también por matrimonio, y, aunque hasta 1983, las mujeres extranjeras que se casaban con un ciudadano del país obtenían automáticamente la nacionalidad, una sentencia de la Corte Constitucional cambió esto, y actualmente es necesario haber residido dos años en el país para lograrlo.

En Francia, el mínimo de residencia que una persona tiene que cumplir antes de pedir la ciudadanía por naturalización es de cinco años. Los candidatos deberán probar que tienen su principal fuente de ingresos en el país, y aquellos individuos que no pertenezcan a la Unión Europea deberán disponer de un documento de residencia. Los extranjeros que hayan servido en el Ejército y los refugiados podrán iniciar los trámites de inmediato. Por su parte, las personas que hayan presentado servicios excepcionales para el país solamente deberán esperar dos años para poder optar a la residencia.

Asimismo, la legislación gala permite que los nacionales de otros países que han servido en la Legión Extranjera durante por lo menos tres años inicien los procedimientos para lograr la ciudadanía cuando pase este tiempo. Si estas personas han sido heridas en una batalla, la obtención de la nacionalidad francesa es automática.

Reino Unido distingue dos tipos de nacionalidad: ciudadanía británica, que incluye a aquellas personas nacidas en el país de padres nacionales, y ciudadanía de los territorios de ultramar, entre los que están Bermuda, las islas Malvinas o Gibraltar, y que ofrece los mismos derechos, pero obliga a estos individuos a pasar por controles migratorios. Más allá de esto, hay dos formas de obtener la nacionalidad: la naturalización y el registro. En el primer caso, es necesario haber vivido en alguna de las islas británicas durante cinco años, y disponer de un permiso de residencia. La espera se reduce a tres años en el caso de que el demandante se haya casado con un nacional británico.

Por su parte, el registro en el Reino Unido tiene unos plazos menores, y puede solicitarse a los doce meses de residencia. Sin embargo, solamente una serie de personas que tengan alguna forma de nacionalidad británica o posean una conexión con este territorio pueden optar a ella. Finalmente, los menores adoptados consiguen la ciudadanía si por lo menos uno de los padres es natural del país; además, los niños nacidos en Gran Bretaña que son adoptados por nacionales de otro Estado no pierden la ciudadanía, ni siquiera si asumen otra. Con el Brexit, estas condiciones se mantienen tal y como estaban.

Estados Unidos es uno de los países con las condiciones más duras para que los migrantes y demandantes de asilo se conviertan en ciudadanos. Para la naturalización, es necesario que el candidato sea mayor de edad y disponga de un permiso de residencia permanente, conocido popularmente como green card, desde hace cinco años como mínimo; los trámites para obtener esta tarjeta son bastante largos, y en la mayoría de los casos, pasan dos años desde el inicio de los trámites hasta que se consigue el documento.

Como en el resto de los países expuestos en este artículo, existen también en EE. UU. excepciones a los plazos para conseguir la nacionalidad. Desde 1940, un extranjero que haya servido en el Ejército estadounidense durante una guerra puede acceder a la ciudadanía sin necesidad de tener la residencia permanente. Esta exención también se aplica en el caso de las personas que hayan prestado servicios excepcionales al país, como los científicos o los deportistas que hayan participado en los Juegos Olímpicos.