Un grupo de rohingyas, uno de los colectivos de apátridas más numerosos

Un grupo de rohingyas, uno de los colectivos de apátridas más numerosos del mundo (FOTO: Reuters Photo)

Un apátrida es una persona sin nacionalidad al no ser considerada natural de ningún Estado. Estas personas están cubiertas por la Convención sobre el Estatuto del Apátrida, un texto legal adoptado en 1954 por la Organización de Naciones Unidas (ONU) con el objetivo de dar cobertura jurídica a las personas sin nacionalidad. La declaración establece la definición de apátrida y las condiciones para obtener ese reconocimiento sin discriminación por motivos de raza, religión o país de origen. Según datos de un informe publicado en 2019, 4,2 millones de personas en todo el mundo, de las cuales un tercio son niños, carecen de nacionalidad.

La apatridia es una situación que se puede dar cuando la persona nunca ha tenido nacionalidad porque no se le atribuyó al nacer o la ha perdido sin adquirir otra. Esto suele ocurrir cuando se produce la desintegración de un Estado, como sucedió en los años 90 tras la desaparición de la URSS, la descomposición de Yugoslavia o la división de Checoslovaquia, aunque también se puede deber a la existencia de leyes que discriminan a sectores enteros de la población, como los rohingya en Myanmar, o no reconocen la ciudadanía a determinados grupos étnicos, como los saharauis.

Estos migrantes se enfrentan a una gran desprotección, porque la nacionalidad no solamente proporciona una identidad, sino que permite a las personas ejercer sus derechos civiles, políticos y sociales. Según la Declaración Universal de Derechos Humanos, no se puede privar arbitrariamente a nadie de su nacionalidad. Sin ella, muchas personas que sufrían las consecuencias de la Segunda Guerra Mundial no podían acogerse al estatuto de refugiado previsto en la Convención de Ginebra. Por ello, la ONU decidió crear un marco jurídico propio para los apátridas.

La Convención sobre el Estatuto del Apátrida de 1954 tiene 42 artículos. Entre los más importantes se encuentra el 8, que determina que no se pueden tomar medidas especiales contra los apátridas en función de su anterior nacionalidad, y del 20 al 23, donde se garantiza que no se perjudicará a estas personas en el acceso a los servicios públicos. El texto también obliga a sus firmantes a desarrollar sus propias leyes y reglamentos al respecto de los apátridas; así lo hizo España en 1997, cuando se adhirió a la Convención y aprobó el Reglamento de Reconocimiento del Estatuto del Apátrida.

Todas las personas en situación de apatridia pueden acogerse a esta Convención, y a partir de entonces, su expulsión del país de asilo solamente estaría justificada por motivos de seguridad o de orden público. Sin embargo, no se concederá esta condición a quienes hayan cometido un delito de guerra, contra la paz o contra la humanidad. El estatuto de apátrida cesa por tres razones: que la persona que se ha beneficiado de ello haya obtenido la nacionalidad del país en el que reside, que haya sido considerado nacional por otro Estado, o que un país que le haya documentado como apátrida reconozca su estancia y permanencia en su territorio.

Como ocurre con muchos flujos migratorios, los niños están particularmente afectados por la apatridia. Esto se debe a que 25 Estados del mundo, entre ellos Egipto, Marruecos o Mónaco, no permiten a las mujeres transferir la nacionalidad a sus hijos, aunque también puede producirse si los padres son desconocidos, han desaparecido o han fallecido. ACNUR ha solicitado en repetidas ocasiones a los países firmantes del acuerdo que apliquen programas específicos para afrontar estas situaciones.

En 1961, siete años después de la creación de la Convención sobre el Estatuto del Apátrida, se firmó la Convención para Reducir los Casos de Apatridia. Este texto legal prevé que, cuando una persona que de otro modo sería apátrida tenga un vínculo con un país por su nacimiento en el territorio o por filiación de un nacional, se le conceda la nacionalidad. El objetivo es que no haya discriminación por motivos raciales, étnicos, religiosos o políticos para estas personas, pero aún hay varios países, entre ellos España, que no la han ratificado.

Chile se convirtió en 2018 en el último Estado en adherirse a la Convención. Aún quedan algunos países importantes por ratificarlo, sobre todo Estados Unidos. En los últimos años, con el incremento de los flujos migratorios a nivel mundial, la apatridia ha aumentado también su importancia, y afecta a muchas partes del planeta, incluida Europa, donde hay 600.000 personas en esta situación. Siguen quedando muchos casos por resolver, principalmente los más prolongados, aunque en los últimos años se han sucedido las medidas políticas al respecto, como ocurrió en 2008, cuando Bangladesh concedió la nacionalidad a 300.000 habitantes de urdu, los conocidos como Biharis.