Un grupo de migrantes en un campamento de refugiados

Un grupo de migrantes en un campo de refugiados (FOTO: Oxfam Intermón)

El reasentamiento y la reubicación son dos tipos de cobertura extraordinaria para aquellos migrantes que no están suficientemente cubiertos por el estatus de refugiado o la protección subsidiaria. Se trata de mecanismos muy diferentes que ponen el foco respectivamente en la situación particular del demandante de asilo, el reasentamiento, y en la presión migratoria sobre los países de acogida, la reubicación. Ambos se aplican cuando existen condiciones extremas de vulnerabilidad que hacen imposible que el migrante regrese de manera voluntaria a su país de origen o cuando su caso personal no pueda ser resuelto en el primer Estado al que llegue.

El reasentamiento lleva varias décadas aplicándose. Su objetivo es ofrecer una solución permanente para el migrante que la demanda, y se busca para ello el lugar en el que su instalación puede tener más éxito, para lo cual se estudian las condiciones particulares del demandante de asilo. Este tipo de protección no es en ningún caso repatriación ni devolución, sino un concepto nuevo para situaciones excepcionales. Su objetivo, por tanto, no es disminuir la presión sobre determinados países que reciben más migrantes, sino ofrecer a las personas o grupos con necesidades especiales de protección una oportunidad de empezar de nuevo.

Según Oxfam Intermón, el reasentamiento es “un mecanismo para ofrecer vías seguras y legales a los refugiados que huyen de su país de origen a un país vecino. A través de dicho sistema, un tercer país acoge voluntariamente a los refugiados más vulnerables de acuerdo con los criterios de ACNUR”. Este tipo de protección se empezó a aplicar tras la Segunda Guerra Mundial, cuando más de un millón de judíos procedentes de Alemania, Polonia y Holanda buscaban un lugar para instalarse de manera definitiva, y, desde entonces, ha tenido éxito en la mayoría de los casos en los que se ha puesto en marcha.

Para poder beneficiarse de este estatus, es necesario que la persona que lo solicite pruebe que existe una amenaza contra su vida o contra su seguridad física, un riesgo que debe ser real y directo, y que puede afectar tanto a un individuo en particular como a un grupo. Entre las razones por las que un solicitante de asilo puede acogerse a este tipo de protección, están la supervivencia a la tortura o a la violencia en general, la persecución a causa de género u orientación sexual o las necesidades médicas.

Por su parte, la reubicación es una solución de emergencia aplicada por la Unión Europea para reducir la presión sobre los Estados que más migrantes reciben. Al contrario que el reasentamiento, el foco está puesto en los países, y no en la situación particular de los demandantes de asilo. Su puesta en marcha se produjo en la crisis migratoria de 2015 y 2016, cuando los países de frontera como España, Italia o Grecia, estaban sufriendo serios problemas para responder de forma adecuada al incremento de los flujos migratorios que les llegaban.

Su implementación se realizó aplicando el artículo 78.3 del Tratado de Funcionamiento de la Unión Europea (TFUE), que señala que “si uno o varios Estados se enfrentan a una situación de emergencia caracterizada por la afluencia repentina de nacionales de terceros países, el Consejo podrá adoptar, a propuesta de la Comisión, medidas provisionales en beneficio de los Estados miembros afectados”. La Comisión Europea aprobó posteriormente unas cuotas para repartir a los migrantes llegados a las fronteras comunitarias entre los países miembros, en función de su población y capacidad económica. Noruega, con 3.500, Francia, con 2.375, y Reino Unido, con 2.200, eran los Estados a los que más migrantes debían ser transferidos.

Sin embargo, la puesta en marcha del mecanismo de reubicación no fue la esperada. Un año después de que se aprobase la medida, solamente un 3,5% de los migrantes llegados a Europa desde 2015 y cuyas solicitudes de asilo fueron rechazadas habían sido reubicados. España, que se comprometió a acoger a 1.449 personas al año, ha recibido a un total de 3.914 demandantes de protección internacional desde la aprobación de la medida.

Existen, en definitiva, muchas diferencias entre ambos modelos. Como se ha explicado, el reasentamiento lleva décadas aplicándose, durante las cuales ha demostrado su fiabilidad para conseguir que los refugiados en situación de extrema vulnerabilidad puedan empezar una vida nueva. Varias organizaciones destacan la atención pormenorizada a cada caso y el compromiso de todas las partes, incluyendo a las ONG implicadas en el proceso, para que la integración sea satisfactoria.

La reubicación, en cambio, es una medida excepcional con una limitada base legal que no ha cumplido sus objetivos hasta ahora, y que, según denuncian numerosos expertos, no ofrece soluciones permanentes para los migrantes que se acogen a ella ni tiene vocación de convertirse en parte fija del ordenamiento jurídico comunitario. Así se demostró en septiembre de 2020, cuando la Comisión presentó el nuevo Pacto Europeo sobre Migración y Asilo, que suspendía la aplicación de las cuotas de reubicación y las sustituía por el nuevo mecanismo de solidaridad obligatoria.