Varios migrantes entran en la frontera de Croacia

Un migrante entra en Europa por la frontera croata (FOTO: Shutterstock)

El sistema de Dublín es uno de los elementos fundamentales de la legislación migratoria europea. Vigente desde 1990, cuando se aprobó el Convenio, regula qué Estado miembro es el responsable de gestionar una solicitud de asilo presentada por un migrante en territorio comunitario y de concederle, en su caso, protección internacional. Los criterios utilizados para ello son muy variados. Dublín ha sido objeto de distintas reformas, y varias instituciones y organizaciones humanitarias han pedido en los últimos años una profunda revisión de las normas aplicadas en este campo.

Todos los países de la Unión Europea son miembros del sistema de Dublín, aunque existen algunas circunstancias particulares. Cuando ratificó el Convenio, Dinamarca suscribió una cláusula opt-out por la que puede dejar de aplicar las medidas incluidas en el texto. Asimismo, Noruega, Islandia, Suiza y Liechtenstein, que no son Estados miembros, también forman parte de Dublín, gracias a un acuerdo con la UE.

Existen, como se ha dicho, varios condicionantes a la hora de determinar qué Estado miembro es el responsable de las solicitudes. En la mayoría de los casos, prima la voluntad de no separar familias, sobre todo aquellas con menores; por ello, se aconseja que las demandas de protección internacional sean atendidas en el país donde viva algún familiar del solicitante o donde este hubiera recibido anteriormente un visado o permiso de residencia. Otra de las posibles condiciones es la posesión por parte del migrante de un título educativo emitido en uno de los países comunitarios.

La norma más aplicada es la del primer país de llegada, según la cual el Estado receptor del migrante deberá resolver su solicitud de asilo, con independencia de si ha entrado en él de manera regular o irregular. La principal consecuencia de este criterio es que la presión migratoria se concentra tanto en los países fronterizos, como España, Grecia, Italia y Malta, como en aquellos que tienen unas políticas más beneficiosas hacia los migrantes, como Alemania; razón por la que los gobiernos de estos países han solicitado en repetidas ocasiones ayuda para hacer frente a la situación.

En este sentido, la Unión Europea ha puesto en marcha varias medidas para mejorar el sistema de Dublín. La más importante fue la aprobación, en julio de 2015, de unas cuotas obligatorias de reubicación, cuyo objetivo era repartir la presión migratoria entre todos los Estados miembros. Su aplicación fue, sin embargo, un fracaso, ya que hubo países que acogieron a un número significativamente mayor de migrantes que otros y ninguno cumplió con sus compromisos de recepción. Tampoco fue posible aprobar la reforma conocida como Dublín IV, que especificaba las cuotas concretas por país, por la falta de acuerdo entre los socios europeos.

El proyecto más reciente es el Pacto Europeo sobre Migración y Asilo, aprobado por la Comisión en septiembre de 2020, y actualmente en fase de negociaciones. Dos de los cuatro pilares de este texto tendrán, si finalmente entran en vigor, efectos permanentes sobre el sistema de Dublín. En primer lugar, se incluye el mecanismo de solidaridad obligatoria, con el que se eliminarán las cuotas y que permitirá que los países que no deseen recibir migrantes lleven a cabo otras prácticas tales como participar en la devolución de los sistemas rechazados o implicarse con un apoyo operativo, logístico o económico, como la construcción de un campo de refugiados.

Además, este pacto pretende que la norma del primer país de llegada desaparezca y que se den prioridad a otros elementos, como los vínculos familiares y educativos del solicitante de asilo, en consonancia con lo recogido en Dublín. Esto puede mejorar significativamente el funcionamiento del sistema ya que, según denuncian varias organizaciones, la mayoría de los migrantes piden protección internacional en un lugar distinto del que llegaron. Ello se vio en Italia en 2014, cuando solamente 64.625 de las 170.000 personas que entraron irregularmente en el país solicitaron quedarse allí.

El sistema de Dublín puede, por tanto, verse reforzado por la aprobación del citado Pacto Europeo sobre Migración y Asilo, aunque quedarían pendientes reformas importantes que han sido solicitadas por diversas ONG, que han denunciado varias veces la ausencia de un examen justo, eficiente y pormenorizado de las solicitudes de asilo. Solamente cuando esta ley se ponga en marcha se verá si es útil para el funcionamiento de Dublín. Por tanto, no sería descartable que, en el medio plazo, las instituciones comunitarias propongan una nueva reforma del sistema de Dublín para atajar los problemas existentes y resolver las dudas sobre la recepción de los migrantes y el país que debe hacerse cargo de ello.

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