Un grupo de migrantes afganos

Un grupo de migrantes afganos (FOTO: Felipe Dana - Associated Press)

El pasado 7 de octubre, el Alto Comisionado de Naciones Unidas para los Refugiados, Filippo Grandi, estableció en 85.000 el número total de migrantes afganos en situación de riesgo que necesitaban atención urgente, e instó a los países de la Unión Europea a hacerse cargo de la mitad de ellos. Cuando van a cumplirse dos meses de la caída de Kabul en manos de los talibanes, aún sigue siendo máxima la incertidumbre sobre el destino de los miles de personas que ha tenido que abandonar el país.

Ylva Johansson, comisaria europea de Interior, respondió a Grandi en el mismo foro en el que este había aportado las cifras de acogida y no las cuestionó, pero alejó toda perspectiva de que la Comisión aprobase unas cuotas de recepción de los demandantes de asilo procedentes de Afganistán, recordando que estas dependerían de cada país. La política sueca alabó en su intervención el trabajo de todos los Estados miembros durante la larga y complicada misión de evacuación de las personas atrapadas en Afganistán tras la toma de poder por los talibanes.

En estos dos meses, la Comisión Europea ha reconocido que la situación en Afganistán es urgente, ya que la mitad de los residentes del país necesitan ayuda humanitaria y la economía está en riesgo de un colapso total. Por ello, la presidenta Ursula von der Leyen anunció durante el Discurso sobre el Estado de la Unión un paquete de medidas con un presupuesto de 115 millones de euros para apoyar a la población afgana. Sin embargo, estas ayudas no han llegado a quienes las necesitan porque ningún Estado europeo tiene presencia diplomática en Afganistán.

Los esfuerzos se han centrado además en mejorar la capacidad de acogida de Estados como Pakistán o Irán, en los que se encuentran muchos de los afganos huidos. “La Unión Europea debe reforzar el apoyo a los países vecinos de Afganistán para asegurar que aquellos que lo necesiten reciban la protección adecuada en su propia región”, afirmaron los ministros del Interior de la Unión Europea en un comunicado publicado el 31 de agosto. 22.000 migrantes afganos ya han pedido asilo en Europa en los últimos dos meses, aunque aún no se sabe cuántas solicitudes se concederán.

Frente a la línea oficial, algunos políticos, como el ministro luxemburgués de Asuntos Exteriores, Jean Asselborn, han propuesto un plan comunitario de acogida con un objetivo concreto de reasentamiento que, según los expertos, debería estar entre las 40.000 y las 50.000 personas. Los Gobiernos del Reino Unido y de Canadá han aprobado programas similares, y se harán cargo de 20.000 y 40.000 migrantes afganos respectivamente a lo largo de los próximos cinco años. Por su parte, Estados Unidos concederá asilo a 100.000 personas procedentes de Afganistán en un año.

 

El miedo a una nueva oleada migratoria

El objetivo de las diferentes actuaciones llevadas a cabo por los países europeos ha sido evitar que la situación de Afganistán provoque un flujo masivo de llegadas similar al que se produjo en 2015 y 2016. Los Estados más reacios a cualquier recepción de migrantes, como Austria, República Checa y Polonia, lo han dado por hecho y han exigido a las instituciones europeas medidas para contenerlo, pero no han sido los únicos. El pasado 16 de agosto, el presidente francés, Emmanuel Macron, sorprendió a todos cuando afirmó: “Europa debe protegerse de la nueva ola de migrantes afganos”.

Varios altos cargos han negado sin embargo la inminencia de llegadas sin control a Europa. Tal ha sido el caso del Alto Representante de la Unión Europea para Asuntos Exteriores y Política de Seguridad, Josep Borrell, que negó el pasado 15 de septiembre durante una intervención en el Parlamento Europeo que la crisis migratoria fuera inevitable.  “Los demandantes de asilo y los migrantes no suponen ninguna amenaza. Suponen un reto humanitario para la Unión Europea por una buena razón”, añadió posteriormente el eurodiputado español Juan Fernando López Aguilar, en respuesta a las declaraciones de su homólogo francés Jérôme Rivière, que advirtió de una crisis inminente.

Por su parte, las ONG insisten en que se apliquen soluciones humanitarias. En una carta publicada el pasado 16 de septiembre, 24 entidades no gubernamentales, entre ellas Amnistía Internacional, Cáritas, Oxfam Intermón y la Cruz Roja, afirmaban: “La Unión Europa debería estar compartiendo, en lugar de reduciendo, la responsabilidad para ofrecer protección a los migrantes afganos”. Estas organizaciones advirtieron también de que 18 millones de personas se encuentran actualmente en necesidad urgente de recibir asistencia humanitaria en Afganistán, casi la mitad de la población del país.

Cuando se desató la crisis, todos los países europeos mostraron su voluntad de no repetir los mismos errores que en 2015 y 2016 y de actuar unidos ante el nuevo reto. Sin embargo, dos meses después, no se han dado apenas pasos, y las únicas propuestas pasan por reforzar las fronteras, por más que las autoridades europeas hayan reconocido en varias ocasiones que el continente no se enfrenta a un peligro inminente de llegadas masivas de miles de refugiados afganos. El hecho de que la Comisión haya optado por no aprobar ningún plan obligatorio y por dejar cualquier solución en un ejercicio voluntario permite pronosticar unos meses de parálisis y de gestión insuficiente de las llegadas que puedan producirse.