Un grupo de migrantes marroquíes en un aeropuerto

Un grupo de migrantes marroquíes en un aeropuerto (FOTO: Mehdi Fedouach - AFP)

El Gobierno galo anunció el pasado martes 28 de septiembre su decisión de reducir drásticamente el número de visados concedidos a migrantes procedentes de países como Argelia, Marruecos o Túnez, ante la negativa de estos a recibir a demandantes de asilo deportados por Francia. Esta política se pondrá en marcha en las próximas semanas, tal y como informó el portavoz del Ejecutivo, Gabriel Attal, quien declaró tras el Consejo de Ministros: “Es una decisión drástica y sin precedentes, pero es necesaria ante la evidencia de que estos países han rechazado acoger a personas que no queremos o no podemos mantener en Francia”.

La medida reducirá a la mitad el número de permisos de residencia de los argelinos y los marroquíes y a un tercio los concedidos a los ciudadanos de Túnez. El motivo de esta decisión, según fuentes oficiales, es que los Gobiernos de estos países han rechazado en numerosas ocasiones proporcionar a los migrantes expulsados por Francia los documentos de viaje para garantizar un tránsito seguro de estas personas, pese a las negociaciones bilaterales activas desde hace unos años. Según datos del Ministerio del Interior galo, Argelia solamente ha proporcionado 31 documentos de viaje en 2021, 138 Marruecos y 153 Túnez.

Estas cifras chocan con el número de personas rechazadas por Francia durante este año: 7.731 argelinos, 3.301 marroquíes y 3.424 tunecinos. El ministro del Interior, Gérald Darmanin, justificó la decisión afirmando: “Los Estados magrebíes no quieren volver a la situación previa la COVID. Por ello levantamos el tono”. Pese a todo, desde París no se rechaza la posibilidad de dar marcha atrás si se alcanza un acuerdo sobre este tema, y se insiste en que todo dependerá del nivel de cooperación demostrado por los países implicados.

Inmediatamente después de conocer esta decisión, el Gobierno argelino llamó a consultas a su embajador en París como protesta por lo que consideran un movimiento unilateral. Por su parte, el ministro marroquí de Asuntos Exteriores, Nasser Bourita, calificó de injustificado el nuevo rumbo político marcado por el Ejecutivo galo y aseguró, al contrario de lo que había declarado Attal, que las autoridades del país sí han proporcionado visados para los migrantes expulsados de Francia. Finalmente, el presidente tunecino, Kaïs Saied, adoptó un tono más conciliador, y mostró su voluntad de continuar las negociaciones.

 

En precampaña

Esta decisión llega en un momento en el que Francia se encuentra envuelta en un proceso preelectoral, a medio año de que el país vote para elegir a su próximo presidente, en unos comicios en los que las migraciones tendrán con toda seguridad un lugar predominante entre los temas de campaña. El actual presidente Emmanuel Macron, que intentará convertirse en el primer jefe de Estado en ser reelegido desde 2002, ha cambiado de discurso, prometiendo políticas más severas con las llegadas irregulares e introduciendo en sus intervenciones un tono duro con las migraciones ante la emergencia de candidatos a su derecha que piden una mayor contundencia.

Marine Le Pen, presidenta del Reagrupamiento Nacional y que fue rival de Macron en la segunda vuelta de las elecciones presidenciales de 2017, lleva varios años apoyando las posturas más intransigentes en lo relativo a las migraciones. El mismo día en el que el Gobierno anunció su nueva política, la candidata prometió en una entrevista en el canal France 2 que, si llega a la presidencia, convocará un referéndum para proponer un endurecimiento de las condiciones de asilo en el país y de adquisición de la nacionalidad, y dará a los ciudadanos franceses un acceso prioritario a los alojamientos sociales, a los empleos y a los beneficios en la Seguridad Social.

Desde Los Republicanos, el partido de la derecha clásica, otros dos aspirantes, Xavier Bertrand y Michel Barnier, también se han manifestado a favor de un referéndum constitucional para restringir las migraciones y establecer unas cuotas fijas de acogida. Este tipo de consulta, que tiene un difícil encaje en la legislación europea, cuenta con el apoyo de un 62% de la población francesa, según un sondeo publicado en junio pasado. También en la derecha, el precandidato Éric Ciotti llamó a aprovechar la medida del Gobierno para derogar los acuerdos de Évian, que conceden un régimen propio a Argelia.

Sin embargo, hay un aspirante que ha sacudido el panorama político francés: el ultraderechista Éric Zemmour. Periodista de profesión, aún no ha confirmado su postulación, pero desde hace varias semanas ha manifestado algunas posiciones muy severas respecto a las migraciones, como el cierre total de las fronteras, la introducción de medidas más restrictivas para la reagrupación familiar o la equiparación de inmigración, islam, delincuencia y terrorismo. Otras pueden resultar curiosas, como su promesa de que prohibirá que los niños puedan recibir nombres de origen musulmán.

Más allá de sus posturas migratorias, la aparición de Zemmour puede cambiar completamente el resultado de las elecciones francesas. Desde principios de septiembre, las encuestas han registrado un súbito aumento en el apoyo al periodista. Un sondeo publicado el pasado jueves muestra a Macron en cabeza de la primera vuelta con un 24% de los votos y a Marine Le Pen, Zemmour y Xavier Bertrand en un puño, con un 16, 15 y 14% respectivamente. En la segunda, el presidente ganaría en todas las combinaciones.

La decisión del Gobierno francés de restringir los visados concedidos a migrantes magrebíes marca pues el inicio de una larga campaña electoral. En un país en el que residen 6,8 millones de extranjeros, un 10,2% de la población total, una parte de la opinión pública y de la clase política lleva años manifestándose en contra de las migraciones y relacionándolas con el aumento de la inseguridad y de la criminalidad, aunque las estadísticas desmientan estas acusaciones.

En este clima, el presidente Macron, que en el inicio de su mandato manifestó posiciones abiertas respecto de las migraciones, lleva meses endureciendo su tono, como demostró tras la caída de Afganistán, para no dañar sus opciones de reelección. Este giro, unido al importante apoyo electoral a los candidatos partidarios de una línea migratoria contundente, alrededor de un 45% según las últimas encuestas, permite pronosticar que, en el próximo lustro, Francia aplicará políticas migratorias restrictivas que tendrán un gran impacto a nivel europeo.