Un grupo de migrantes a su llegada al puerto de Melilla en 2019

Un grupo de migrantes a su llegada al puerto de Melilla en 2019 (FOTO: Cristian Calvo - Europa Press)

Los solicitantes de protección internacional tienen muchos problemas para lograr un trabajo, lo que constituye una barrera de enorme importancia para su instalación en las sociedades de llegada. Esto se debe entre otros factores al retraso en la concesión del asilo, sin el que es casi imposible obtener un empleo, y los prejuicios en la contratación de estas personas. Ante esto, muchas de ellas se ven obligadas a realizar trabajos elementales y mal pagados, aun en los casos en los que tengan formación superior. Todo ello genera una importante segregación social que lastra la completa inclusión de los migrantes en los países de recepción.

Uno de los principales bulos respecto a la migración es que los solicitantes de asilo quitan el trabajo a la población nacional. Sin embargo, los datos revelan que esta afirmación es falsa, tal y como recoge el antropólogo Carlos Giménez en su libro Qué es la inmigración. Los extranjeros están empleados mayoritariamente en sectores vulnerables o inestables y en ocupaciones poco cualificadas. Esta escasa integración en el mundo profesional contrasta con su nivel formativo, que es muy similar al de la población española. Esto se ve en el porcentaje de estudios superiores, que posee el 23% de los extranjeros latinoamericanos en España por un 29% de los nacionales.

Varias instituciones han realizado estudios sobre la integración laboral de los migrantes en los Estados de asilo. En 2020, Cáritas España presentó el informe Un arraigo sobre el alambre, en el que se reveló que un 94% de los extranjeros se sienten acogidos en el país, pero su estabilidad profesional y salarial sigue siendo muy escasa, ya que el 75% de ellos lleva a cabo empleos elementales y mal pagados. Los demandantes de asilo, afirmó un portavoz de esta ONG, han decidido quedarse en España, pero esto no ha repercutido en una mayor inclusión socioeconómica, como se demuestra en el ingreso medio por hogar de la población migrante, un 46% inferior al resto de la sociedad.

Según los datos del mes de julio de 2021, hay 2.160.232 trabajadores extranjeros en España. Sin embargo, solamente un 16,5% de ellos están empleados, a enorme distancia de la tasa nacional, que es del 87%. Hay algunos sectores, como la agricultura o el cuidado de personas mayores, en los que la presencia de trabajadores extranjeros es muy superior a la de los españoles. La conclusión de estos datos es que los migrantes desempeñan los trabajos menos valorados y deseados por la población. Al mismo tiempo, estas personas están infrarrepresentadas en sectores con mayores garantías, estabilidad laboral y presencia sindical.

 

Empleo temporal y parcial

En todos los países, hay una serie de elementos coincidentes respecto del empleo extranjero. Este se caracteriza por la escasez de contratos indefinidos, el trabajo a tiempo parcial y una renovación mucho menor que el resto de la población activa. Además, la brecha salarial es superior en el caso de las mujeres extranjeras, aunque su afiliación ha aumentado en los últimos 10 años. Los empleos más ejercidos por los migrantes están relacionados con los sectores de la agricultura, la pesca, la limpieza y el mantenimiento y la construcción y la extracción. En todos ellos trabajan tanto migrantes indocumentados como documentados.

Sin embargo, hay algunos casos en los que el trabajo de los migrantes extranjeros tiene mucho impacto sobre determinados sectores. El Informe sobre la Inmigración en Italia 2021 destaca que la agricultura en el país tiene un total de 356.768 trabajadores extranjeros, un 29,3% del total. La asociación CIA-Agricoltori Italiani reaccionó destacando la influencia de estas personas en la agricultura, y añadió que, en determinadas regiones del norte de Italia, suponen el 85% de la mano de obra en este sector. “Estos números confirman que el elemento extranjero ha ganado importancia estratégica en la agricultura”, destacó un portavoz de esta organización.

La consecución de un trabajo digno y con garantías es un elemento fundamental para que los migrantes puedan iniciar una nueva vida en el lugar en el que se instalen. Sin embargo, la actual tendencia no lo favorece, y la mayoría de los migrantes no pueden acceder a los empleos para los que están cualificados, lo que les condena al desempleo o a la economía sumergida. Esta realidad contrasta con las consignas de los partidos xenófobos, que acusan a los migrantes de robar empleos, y parece condenada a continuar en el medio plazo, ante la ausencia de planes específicos de los Gobiernos para la inserción laboral de los solicitantes de protección internacional.