Unos policías húngaros se colocan a lo largo de la frontera con Serbia

Unos policías húngaros se colocan a lo largo de la frontera con Serbia (FOTO: Marko Djurica - Reuters)

Los ministros del Interior de doce Estados miembros solicitaron el pasado 8 de octubre a la Comisión Europea que pague por la construcción de nuevas fronteras para detener la migración irregular. En una carta dirigida a las instituciones comunitarias, los ministros afirmaron que es necesario aumentar las barreras físicas para evitar los flujos humanos masivos. “Esta medida legítima debe estar financiada por el presupuesto de la UE de manera prioritaria”, defendieron. Dos de los firmantes, Letonia y Lituania, ya han establecido barreras interiores en los últimos meses ante un aumento en la llegada de migrantes procedentes de Bielorrusia.

Todos los Estados firmantes forman parte del acuerdo de Schengen, que en su articulado puso como condición para el ingreso que los países reforzasen sus fronteras exteriores e implantasen sistemas de registro y control de los movimientos interiores. Esto ha provocado que 9 de los 28 Estados miembros de la UE, entre ellos Grecia y Austria, hayan incrementado sus barreras físicas para detener el avance de las migraciones. Se trata de muros con concertinas, cuerpos de seguridad adscritos y sistemas de control y vigilancia que dificultan la movilidad de las personas que intentan alcanzar Europa huyendo de las persecuciones.

Este blindaje exterior de algunos países muestra una tendencia vigente desde hace décadas a nivel comunitario: la Europa Fortaleza, que tiene una doble vertiente. Por un lado, se trata del levantamiento físico de impedimentos tales como los mecanismos de protección fronteriza terrestres y marítimos o los controles internos tras la suspensión de Schengen en la crisis de 2015 y 2016, para que los migrantes no puedan entrar fácilmente en el territorio europeo. Por el otro, también se produce la construcción mental de un discurso xenófobo que identifica a los migrantes con delincuencia, inseguridad y terrorismo.

Ambos están interrelacionados, ya que el cierre de una determinada ruta migratoria es el resultado de una decisión política. El surgimiento de partidos e ideologías que defienden la tolerancia cero con estos movimientos humanos ha provocado que se hayan extendido consignas como la contundencia frente a los demandantes de asilo o la expulsión inmediata de todos los migrantes en situación irregular. Esto provoca, además, tal y como señala la politóloga Margarita Gómez-Reino, que estas formaciones eurófobas tengan una influencia indirecta en el diseño de las políticas públicas de la UE, especialmente las relacionadas con las migraciones y su gestión.

 

Subcontratando la responsabilidad migratoria

Los acuerdos de externalización son uno de los elementos más característicos de la Europa Fortaleza. Se trata de pactos a través de los cuales los países comunitarios subcontratan sus obligaciones migratorias con terceros Estados que reciben una serie de contrapartidas a cambio de desincentivar los movimientos humanos. España ha suscrito cinco acuerdos de este tipo con Marruecos, aunque el pacto más polémico es el firmado entre Turquía y la Unión Europea en marzo de 2016, en plena crisis migratoria. Dichos acuerdos se siguen firmando en la actualidad, como ocurrió recientemente en Dinamarca.

Muchos países aplican también los rechazos en caliente, que se producen cuando las autoridades expulsan a los migrantes que llegan a sus fronteras sin que estos puedan pedir asilo. Con estas actuaciones, que han sido muy criticadas por las ONG, los Estados incumplen la Convención de Ginebra, que obliga a todos sus firmantes a permitir que las personas migrantes demanden protección internacional y que prohíbe expresamente según el principio de non refoulement su devolución a un lugar en el que haya una amenaza clara a su integridad física o psíquica.

Pese a todo, el sistema de la Europa Fortaleza no es infalible, ya que el cierre de las rutas clásicas ha provocado que aumente la influencia de las mafias de tráfico de seres humanos. Estas se ofrecen previo pago a los migrantes para cruzar a Europa por nuevas rutas, que son mucho más peligrosas, y en algunos casos, una vez llegados al continente, les roban. Los expertos han lamentado que varios Estados sigan aplicando estas medidas cuando el número de llegadas se ha reducido mucho en los últimos años, y coinciden en señalar que no se trata de poner en marcha operaciones de salvamento en las fronteras, sino de extender al máximo posible el control y alejar a los migrantes del continente.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *