Un grupo de migrantes en Siria

Un grupo de migrantes en Siria (FOTO: AFP)

El pasado 15 de marzo se cumplieron 10 años del inicio de la guerra civil en Siria, pero el final no parece vislumbrarse. Varias organizaciones han llamado la atención sobre los riesgos que afronta la población civil, que se expone diariamente a ataques aéreos y agresiones personales o contra un determinado grupo social o étnico. Una de ellas es la Comisión Internacional Independiente de Investigación sobre Siria, un órgano dependiente de la ONU, cuyo presidente, Paulo Pinheiro, presentó un balance desolador el pasado 25 de octubre durante una intervención en la Asamblea General de Naciones Unidas y declaró de manera expresa: “La guerra de Siria aún no ha terminado”.

Pinheiro recordó durante su discurso que, desde el inicio del conflicto, ha muerto casi un millón de personas, y que 12 millones más han tenido que desplazarse internamente o abandonar el país. “Millones de civiles siguen sometidos al terror, a la guerra y al dolor. Muchos de ellos han visto cómo sus propiedades han sido destruidas e incautadas por el Gobierno o por grupos armados o terroristas. Tienen muy poco a lo que regresar”, aseguró. El orador añadió que muchos sirios se enfrentan actualmente a la amenaza del coronavirus, ya que solamente un 2,1% de la población está vacunada contra ello.

El presidente de la Comisión Internacional Independiente de Investigación sobre Siria se mostró también muy crítico con países como Dinamarca o Suecia, que han empezado a promover el regreso de migrantes sirios a determinadas zonas del país, principalmente Damasco y sus alrededores, al considerar que ya no corren ningún peligro. “Este no es un tiempo para que nadie crea que es seguro regresar a Siria”, afirmó. Estas palabras se unen al informe Estás yendo hacia tu muerte, publicado en septiembre por Amnistía Internacional, y en el que se advierte de los graves riesgos a los que los refugiados sirios se enfrentan si intentan volver a su país.

El Alto Comisionado de Naciones Unidas (ACNUR), Filippo Grandi, también se ha manifestado en este sentido, y ha pedido a las autoridades un aumento de la asistencia humanitaria en Siria, con especial atención a las personas que hayan decidido volver a sus hogares después de haber huido de allí tras el inicio de la guerra. Grandi hizo esta petición al término de un viaje de dos días por ese país, durante el que vio cómo estaba la situación en una de las zonas más afectadas por el conflicto, Homs, y en el que pidió una solución política para Siria.

 

74.000 sirios más en Turquía

Turquía es el país que acoge más refugiados en todo el mundo, 4 millones, algo que se debe a su posición geográfica y a los sucesivos acuerdos de externalización suscritos con diversos organismos, como la Unión Europea. Una amplia mayoría de estos demandantes de asilo, 3,7 millones, procede de Siria. Según los datos oficiales, la cifra ha aumentado con respecto a 2020, con un incremento de 74.000 solicitantes de protección internacional. Medio millón de los refugiados sirios residentes en Turquía viven en Estambul, mientras que el resto se reparte entre varias ciudades, como Gaziantep, Hatay o Sanliurfa.

Pese a esto, el Gobierno de Ankara mantiene una posición contraria a los movimientos migratorios. Poco después del viaje de Grandi a Siria, el ministro de Asuntos Exteriores turco, Mevlut Çavusoglu, anunció que el Ejecutivo está trabajando en un plan con ACNUR para repatriar a los ciudadanos sirios que se encuentran en el país. Con esta iniciativa, en la que participan también Líbano, Jordania e Irak, se pretende asegurar un retorno digno y seguro para todos. Sin embargo, este proyecto se ha topado con la oposición de las ONG, que exigen a las autoridades turcas que respeten los derechos de los migrantes.

Estas entidades llevan meses denunciando que la hostilidad contra los migrantes sirios en Turquía está aumentando. Un ejemplo de esto es el inicio de los trámites de deportación de ocho sirios acusados de comer plátanos de una manera provocativa en un reto realizado en la red social TikTok. Estas publicaciones llegaron después de que, en un vídeo colgado en un medio digital, un joven turco acusase a un grupo de sirios de vivir cómodamente mientras él no podía comprar esa fruta. Las autoridades turcas han actuado rápidamente, y han detenido a una veintena de personas en Estambul e Izmir, aunque no todas serán expulsadas.

La guerra en Siria ha cumplido una década con más incertidumbre que cuando empezó. A la inestabilidad institucional se une el drama humano, que no ha remitido en ningún momento pese a que el volumen de llegadas a Europa sea menor. Por ello, resulta incomprensible el empeño de algunos Gobiernos en defender que algunas zonas del país son seguras y en organizar el retorno de migrantes. Entidades como ACNUR o la Comisión Internacional Independiente de Investigación sobre Siria insisten en la necesidad de proteger a los demandantes de asilo más vulnerables y de luchar contra la hostilidad contra ellos mientras se regulariza su situación en el continente.