Un grupo de migrantes cruza la frontera entre México y Estados Unidos

Un grupo de migrantes cruza la frontera entre México y Estados Unidos (FOTO: Sergio Flores - The Washington Post)

Estados Unidos se encuentra envuelto en una nueva crisis humanitaria después de que más de 10.000 demandantes de asilo, principalmente haitianos, hayan entrado en los últimos días por el cruce que une México y Texas. La reacción del Gobierno de Joe Biden ha sido deportar a estas personas casi de inmediato, rompiendo así con el talante anunciado hace unos meses y provocando numerosas quejas. Pese a esto, los cruces por el Río Bravo se siguen produciendo, muchos de ellos en condiciones muy peligrosas e involucrando a menores, y la situación está lejos de estar controlada.

Haití es desde hace varios años uno de los países más inestables del mundo, ya que a la persistente crisis económica se han unido diversas sacudidas políticas y naturales que han multiplicado los factores de expulsión. Esto empezó a evidenciarse el 16 de septiembre pasado, cuando una caravana de personas mayoritariamente procedentes del Estado caribeño, aunque también de otros países americanos empezaron a entrar en Estados Unidos por el puente internacional de Del Río. El flujo humano era constante. Casi inmediatamente, el gobernador de Texas, Greg Abbott, ordenó el cierre de seis puntos fronterizos “para impedir que las caravanas de migrantes infesten el Estado”, según sus palabras. La decisión fue rápidamente revertida por la Casa Blanca, lo que provocó que Abbott, uno de los republicanos más críticos con Biden, comparase aquella situación con la evacuación de las tropas estadounidenses de Afganistán.

El domingo 19 Biden dio un giro inesperado al poner en marcha un programa de deportación masiva de los haitianos llegados al sur de Texas y aquella misma mañana salieron tres vuelos desde San Antonio hasta Puerto Príncipe, la capital de Haití. El Departamento de Seguridad Nacional se puso en marcha para garantizar que los migrantes fueran detenidos, procesados y expulsados rápidamente de Estados Unidos. “Si viene a Estados Unidos ilegalmente, será expulsado. Su viaje no va a tener éxito y habrá puesto en peligro su vida y la de su familia”, declaró dos días después el secretario de Seguridad Nacional, Alejandro Mayorkas.

Ante esta decisión, muchos migrantes dieron marcha atrás y regresaron a Ciudad Acuña, la última localidad mexicana antes del cruce a Texas, para esperar allí a que se aclarase su situación. Más de 500 personas consiguieron llegar a Ciudad de México tras haber roto el cerco que el Gobierno de Andrés Manuel López Obrador había impuesto en Tapachula, junto a la frontera con Guatemala, uno de los principales puntos de cruce migratorio en el país. Al mismo tiempo, López Obrador instó a Biden a reconsiderar su postura y a ofrecer visados temporales de trabajo a estas personas mientras se decidía sobre su destino, alegando que esto “no perjudicaría a nadie”.

La situación empeoró aún más para Biden el pasado 23 de septiembre, con la inesperada dimisión del enviado especial de la Casa Blanca para Haití, Daniel Foote, en protesta por la gestión de la crisis. “No permitiré que me asocien con la decisión inhumana y contraproducente de Estados Unidos de deportar a miles de refugiados e inmigrantes en situación irregular a Haití, un país donde los funcionarios estadounidenses están encerrados en cuarteles seguros debido al peligro que significan las pandillas armadas en la vida cotidiana”, escribió el diplomático en su carta de renuncia.

Críticas a Biden y Harris

Cuando Joe Biden se convirtió el pasado 20 de enero en el 46º presidente de los Estados Unidos, prometió en su discurso de toma de posesión, en línea con sus planteamientos de campaña, un nuevo tiempo en la gestión migratoria, en contraposición a su antecesor, Donald Trump. Sin embargo, durante los últimos meses, la administración estadounidense ha respondido en algunas ocasiones de manera represiva a las llegadas masivas, por lo que se han multiplicado las críticas tanto a Biden como a su vicepresidenta, Kamala Harris, designada como máxima responsable de los asuntos migratorios.

Más allá de las opiniones de senadores republicanos que acusan a Biden de no hacer suficiente para detener las migraciones irregulares, cada vez son más los demócratas que cuestionan la línea seguida por el presidente. Tal ha sido el caso de 50 legisladores del partido, que, en una carta a la Casa Blanca, argumentaron que Haití no tiene capacidad suficiente para recibir a las personas migrantes y lamentaron el uso de la norma conocida como Título 42, una excepción en la ley de salud que permite la deportación en caliente de migrantes sin papeles y solicitantes de asilo, y que ya fue usada por Trump en varias ocasiones.

La situación en Haití lleva varias décadas siendo mala, ante las condiciones de extrema pobreza de una buena parte de su ciudadanía y su inestabilidad social, pero ha empeorado mucho en los últimos meses tras el asesinato del presidente Jovenel Moïse en julio de 2021 y el terremoto de magnitud 7,2 que se produjo en agosto y en el que hubo más de 2.000 muertos. No hay cifras exactas de cuántas personas han dejado el país en los últimos meses, pero las actuales estimaciones hablan de 14.000 solamente en esta crisis.

En los próximos días, se aclarará si la situación generada por la caravana de haitianos es temporal o si se convierte en una crisis migratoria de alto calado que requiera una intervención más importante. Mientras, las ONG piden que se pongan en marcha instalaciones con buenas condiciones, y exigen que se cumpla la ley y se detengan las expulsiones en caliente que se están llevando a cabo.

Las próximas semanas serán también determinantes para saber qué tipo de política migratoria defiende Joe Biden. Indudablemente ha puesto en marcha medidas rupturistas con el legado de Trump, pero situaciones como la actual han provocado que algunas voces afirmen que no hay diferencias esenciales entre ambos presidentes en este tema. Los pasos que dé podrían decantar la balanza en una dirección o en otra.