Un grupo de migrantes detenidos en Libia

Un grupo de migrantes detenidos en Libia (FOTO: Inside Arabia)

El diario italiano Il Fatto Quotidiano publicó la pasada semana varias fotografías de migrantes subsaharianos que están encarcelados en Libia. Estas imágenes se colgaron en Facebook con el objetivo de que lleguen al mayor número posible de personas y de que alguna de ellas pueda reconocer a algún demandante de asilo y pague su rescate. Esta tarea es especialmente difícil porque la única identificación visible de estos migrantes es un trozo de papel con un número. Esta práctica, denunciada por varias organizaciones como un chantaje, es bastante habitual en el país árabe, puerto de salida de numerosas embarcaciones llenas de demandantes de asilo que intentan alcanzar las costas europeas.

La información publicada por dicho periódico viene acompañada de un texto en Facebook en el que se puede leer: “Estas personas han sido arrestadas, sus familiares no han sabido nada de ellas en varios años. Pedimos a cualquier persona que las reconozca, que lo notifiquen a sus familias”. En las fotografías se muestra a 28 migrantes exhaustos y con signos de violencia en la cara, como heridas o hematomas. Caroline Gluck, directora de Relaciones Internacionales de ACNUR en Libia, se mostró sorprendida por la dureza de la publicación, pero recordó que su organización lleva años denunciando episodios similares, sin éxito hasta ahora.

El calvario de los migrantes en Libia, muchos de los cuales proceden de países como Níger, Argelia, Chad o Sudán, empieza cuando las milicias les interceptan en la frontera. Estas les ofrecen garantizar su transporte a Trípoli o a alguna otra ciudad del país, pero cobran sus servicios. Una vez allí, comienzan los problemas de verdad, ya que las milicias las entregan a las redes de tráfico de personas. “Los criminales en Libia no tienen tiempo que perder y consideran a los migrantes como un cajero automático”, denuncia Aboubacar, un nigeriano en declaraciones a Il Fatto Quotidiano.

Desde la caída del régimen de Muamar el Gadafi en 2011, Libia es una de las rutas más transitadas por cientos de miles de migrantes que intentan llegar a Europa y que la califican como un auténtico infierno del que solamente se sale pagando dinero. “Cuando los migrantes llegan a Libia se les transfiere inmediatamente a un campo de detención, y tienen que pagar alrededor de 500 euros para salir de él”, denuncia uno de ellos a InfoMigrants. Mientras esperan a reunir el dinero, muchos de ellos sufren palizas por parte de los guardias de la prisión, y algunos incluso mueren intentando escapar.

 

30.000 expulsiones en 2021

Según datos de la guardia costera libia, cerca de 30.000 personas han sido interceptadas y devueltas forzadamente al país árabe desde principios de año, una cifra que es tres veces superior a la registrada durante todo 2020. Entre el 7 y el 13 de noviembre de 2021, casi 800 personas fueron retornadas a sus lugares de origen. Los últimos 15 migrantes expulsados sobrevivieron al hundimiento de un barco con 92 pasajeros procedentes de Sudán, Pakistán, Gambia, Nigeria y Ghana, 75 de los cuales fallecieron en el viaje. Después de ser trasladados al hospital, los migrantes fueron expulsados, a pesar de que el derecho internacional lo impide expresamente.

Más allá de esto, los incidentes entre la guardia costera libia y las ONG se reproducen frecuentemente. El pasado fin de semana, este cuerpo de seguridad amenazó con secuestrar el barco de rescate Sea-Watch 4. La organización responsable de la embarcación, en la que hay 482 solicitantes de asilo en busca de puerto, estaba en aguas internacionales cuando se produjo este hecho, pero ello no impidió el conflicto con la guardia costera. Ante lo sucedido, Sea Watch ha reiterado a la Unión Europa su petición de que se suspenda la cooperación con Libia en el Mediterráneo.

El maltrato a los migrantes en Libia y la extorsión a la que se somete a sus familiares para conseguir su liberación contraviene toda la legislación internacional. Pese a ello, no ha habido ninguna reacción oficial a estas informaciones, y previsiblemente no la habrá, como lamentan algunas ONG que sí han denunciado. La sucesión de estas vulneraciones de los derechos de los demandantes de Libia es además una muestra de las consecuencias de la política migratoria llevada por la UE en las últimas décadas, que se centra en el blindaje de las fronteras exteriores, pero no atiende a las necesidades de personas que llegan, lo que acaba generando graves problemas a largo plazo.