Un grupo de desplazados internos

Un grupo de desplazados internos en África (FOTO: Comité Internacional de la Cruz Roja)

Cuando en un país se produce un conflicto que puede suponer una amenaza para la integridad física de sus habitantes, algunas personas deciden abandonarlo, pero otras se trasladan a zonas más seguras dentro de dicho Estado, con la esperanza de poder regresar a su domicilio cuando la situación mejore. Este tipo de movimiento migratorio se ha incrementado en los últimos años por el aumento de los conflictos y la violencia en los países de origen, y el último dato disponible a nivel mundial, el de 2019, revela que 45,7 millones de personas son desplazadas internas, la cifra más alta jamás registrada.

El fenómeno siempre ha existido, aunque había muchas dudas sobre el estatus legal de las personas afectadas y las ayudas a las que se podían acoger. Por ello, en 1992, la ONU definió a los desplazados internos como: “las personas o grupos de personas que se han visto forzadas u obligadas a escapar o huir de su hogar o de su lugar de residencia habitual, en particular como resultado o para evitar los efectos de un conflicto armado, de situaciones de violencia generalizada, de violaciones de los derechos humanos o de catástrofes naturales o provocadas por el ser humano, y que no han cruzado una frontera estatal internacionalmente reconocida”.

Esta definición da a entender que un buen número de los desplazados internos serían considerados refugiados si abandonasen su país, ya que las razones que motivan que dejen su lugar de residencia, aunque sea de manera temporal, son parecidas a las contempladas por la Convención de Ginebra para conceder el refugio. Pero son también desplazados internos las personas obligadas a desplazarse por desastres naturales o acciones humanas.

Las cifras de desplazados internos han aumentado exponencialmente en los últimos 15 años. Según datos del Alto Comisionado de Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR), en 2005 había 6,6 millones de personas en todo el mundo en esta situación. Cinco años después, el número ya había aumentado hasta los 15. En 2012, la subida fue aún mayor, alcanzándose los 29 millones de desplazados internos, la mayoría de ellos en África, y la tendencia está claramente en alza.

Como en la mayoría de las migraciones forzosas, la violencia y los conflictos bélicos son las principales razones detrás de los desplazamientos internos. El acontecimiento que lo cambió todo fue la guerra de Siria, que comenzó en 2011, y que provocó importantes movimientos humanos dentro del país, aunque la crisis de los refugiados de 2015 y 2016 también tuvo importantes efectos sobre la migración.

En la última década, los países con más desplazados internos han sido Colombia, con 8 millones, la República Democrática del Congo, con 5, y Yemen, con 3,6, aunque este fenómeno se está extendiendo en un buen número de regiones en todo el mundo. Se ha producido además un cambio de tendencia, ya que, hace diez años, la mayoría de los movimientos dentro de un país tenía como destino las zonas rurales, mientras que, actualmente, dos de cada tres desplazados internos se encuentran en ciudades.

Todos los colectivos sociales pueden estar afectados por las migraciones internas, pero hay uno especialmente vulnerable: el de los menores. Según UNICEF, 19 millones de niños se enfrentan actualmente a este fenómeno, y hay algunos países, como Afganistán, Níger o Yemen, donde representan más de la mitad de las personas desplazadas internamente. Los menores carecen, además, de acceso a los servicios básicos, y están expuestos a la violencia, la explotación, el abuso y la trata.

Los expertos han denunciado que una de las razones por las que los desplazamientos internos se han incrementado tanto ha sido porque los países han priorizado la gestión de los flujos de entrada de migrantes y solicitantes de asilo, y no han atendido a la situación humanitaria dentro de sus propias fronteras. Ante la subida de las cifras, se empezaron a desarrollar estrategias para atajar el problema, la primera de las cuales fue la Convención de Kampala para la protección de los desplazados internos en África, un continente que representa el 43% del total de estos movimientos a nivel mundial.

Más allá de esto, hay otras propuestas para mejorar la actual situación que podrían resultar útiles. Una de ellas es la redacción de un estatuto regulador que defina de manera más concreta lo que significa ser un desplazado interno y cuál es la protección que estas personas reciben. Sea como sea, queda claro que estas migraciones están aumentando, y que son necesarias acciones concretas para afrontarlas si se quiere evitar que las cifras sigan subiendo de manera exponencial año tras año.