El campamento de Moria, durante el incendio de septiembre de 2020

El campamento de Moria, durante el incendio de septiembre de 2020 (FOTO: Elias Marcou)

En la noche del 8 al 9 de septiembre de 2020, varios incendios se declararon en el campamento de Moria, situado en la isla griega de Lesbos, y en el que residían alrededor de 13.000 personas que vivían hacinadas y en malas condiciones. Moria fue arrasado por el fuego, y los migrantes trasladados a otras instalaciones, mientras las autoridades griegas y europeas se comprometieron a un “nuevo comienzo” y a la construcción de nuevos campamentos en condiciones de acoger a estas personas. Un año después, sin embargo, la situación general de los migrantes en Lesbos es similar, ya que muchos siguen teniendo malas condiciones de vida y los campos prometidos aún no se han edificado.

Tras el incendio de Moria, las autoridades empezaron a construir nuevas instalaciones para acoger a los miles de personas que se habían quedado sin alojamiento. Los campos de Mavrovouni y Kara Tepe se crearon para ser temporales, pero pronto las condiciones de vida empeoraron, lo que provocó denuncias por parte de las ONG. El Gobierno de Lesbos decidió entonces abrir otros dos campos, uno en Mitilene, la capital de la isla, con una capacidad máxima de 3.000 personas, aunque pudiendo acoger a otras 2.000, y otro en la región de Plati. La voluntad del Ejecutivo era que ambas instalaciones fueran inauguradas antes del verano, pero el retraso existente, sin que nadie pueda pronosticar cuándo abrirán, está complicando aún más la situación de los demandantes de asilo que viven en Lesbos.

Mientras esperan a que evolucione la situación, las condiciones de vida de los migrantes en Lesbos siguen siendo muy malas y la esperanza es cada vez menor. “En Grecia, el futuro parece más distópico que nunca. Quienes logran cruzar el mar siguen viviendo en campos miserables en las islas griegas. Es una trágica ironía que, mientras el mundo observa los últimos acontecimientos en Afganistán, la UE y Grecia estén inaugurando un nuevo centro similar a una prisión para atrapar a los refugiados en la isla de Samos. Esta es la mejor demostración de la crueldad de las políticas migratorias de la UE”, afirma Konstantinos Psykakos, coordinador general de Médicos sin Fronteras en Grecia.

Los retrasos en la construcción de los campos de Mitilene y Plati abocan a los migrantes a un nuevo invierno viviendo en instalaciones que no reúnen las condiciones sanitarias ni legales exigibles. Según los propios residentes, no hay muchas diferencias entre el campo de Moria y el de Mavrovouni, ya que los procedimientos y las condiciones son las mismas, y no existen instalaciones sanitarias para atenderles. Las ONG denuncian que estas personas sufren un desgaste diario por los procesos de asilo arbitrarios y acelerados a los que deben enfrentarse y por el miedo a la deportación, y que no hay respuesta institucional ante esto.

 

Disminuye la población migrante en Lesbos

Por su parte, el Ministerio de Migraciones griegos informó el pasado 2 de septiembre de que 5.400 personas están viviendo actualmente en los campos de las islas. El número ha ido disminuyendo, ya que en junio era de 7.700, y en abril de 2020, el peor momento en términos de ocupación, de 40.000. Según ACNUR, el 48% de los residentes en los campos son afganos, seguidos por los sirios, con un 13%, y los congoleños, con un 10%. El campamento de Mavrovouni, con 3.400 habitantes, es el que más residentes tiene, mientras que alrededor de 500 personas viven en los campos de Kos, Leros o Quíos.

Al mismo tiempo, a finales de agosto, el Gobierno griego anunció una nueva legislación para acelerar la deportación de migrantes. El proyecto, que fue presentado el 27 de agosto por el ministro de Migraciones, Notis Mitarakis, prevé que la Policía pueda ordenar la devolución de demandantes de asilo que hayan sido detenidos llegando a Grecia mediante canales irregulares o sin ningún permiso legal. “Grecia no aceptará, como ocurrió en el periodo de 2015 a 2019, ser la puerta de entrada a Europa para los flujos ilegales de inmigración, que violan el artículo 31 de la Convención de Ginebra”, señaló Mitarakis, en referencia a los posibles flujos migratorios que vengan de Afganistán.

El ministro añadió que, en los últimos doce meses, los flujos migratorios se han reducido en un 86% en toda Grecia y en un 95% en las islas del Egeo, y mostró su convencimiento de que las nuevas medidas contribuirán a seguir bajando estos números y a desatascar el sistema de asilo. Por su parte, varias ONG reaccionaron al anuncio de Mitarakis con preocupación, y criticaron que el Ejecutivo esté centrado en reforzar las medidas de cierre de fronteras cuando puede producirse una nueva crisis humanitaria que implique nuevas llegadas masivas, como las ocurridas entre 2015 y 2016.

El incendio de Moria supuso un antes y un después en la gestión de las migraciones en Europa. Dejó al descubierto las condiciones de vida de los demandantes de protección internacional, y obligó a la Comisión a acelerar sus planes para presentar una nueva propuesta de ley migratoria comunitaria, al mismo tiempo que colocó mucha presión sobre las autoridades locales, que tenían que ofrecer soluciones para los habitantes en el campamento destruido. Cuando ha pasado un año, el balance es contrastado: se han hecho esfuerzos para mejorar las condiciones de vida de los migrantes, pero aún no se ha puesto en marcha, por lo que la situación sigue siendo similar doce meses después.

Los próximos meses serán determinantes para la situación migratoria en Lesbos. A la previsible apertura de los campos de Mitilene y Plati y al esfuerzo del Gobierno griego para reducir la población irregular en la isla se pueden unir un nuevo grupo de demandantes de asilo que lleguen de manera masiva procedentes de Afganistán. Las medidas anunciadas por Atenas pretenden reducir el impacto de esta posibilidad, pero podrían quedarse cortas en función del número de migrantes que quieran entrar a Europa y elijan la ruta del Egeo para ello, sobre el que sigue habiendo muchas incertidumbres.