La entrada a Holanda por el Espacio Schengen

La frontera de los Países Bajos con un letrero del Espacio Schengen (FOTO: Hisour.com)

El Acuerdo de Schengen es uno de los textos más importantes de la legislación europea. Firmado en 1985 y puesto en marcha en 1995, este sistema elimina las fronteras entre los países que lo suscribieron y establece un régimen de libre circulación para las personas, los bienes, los servicios y el capital. La zona Schengen se extiende en un área de más de 4 millones de kilómetros cuadrados y 26 países se benefician de ella. Esta medida ha cambiado la forma de entender los movimientos comunitarios, y ha hecho más fáciles los viajes de placer y de negocios, además de tener un importante impacto sobre el tránsito migratorio en Europa, que se ha multiplicado desde que se aplicó el texto.

El espacio recibe el nombre de la ciudad donde se firmó, Schengen, en Luxemburgo, una localidad cercana a la frontera con Alemania y Francia. Inicialmente, el documento fue adoptado por Alemania, Francia, Bélgica, Luxemburgo y Países Bajos, aunque antes de su entrada en vigor, otros cinco países, entre ellos España, lo ratificaron. En 2007, se produjo la última expansión, con la entrada de República Checa, Estonia, Letonia, Hungría, Malta, Polonia y Eslovaquia.

La mayoría de los países miembros de Schengen pertenecen también a la UE, aunque hay varias excepciones. Islandia, Liechtenstein, Noruega y Suiza están fuera de la Unión Europea, pero no de la zona de libre circulación. Por el contrario, Bulgaria, Chipre, Croacia y Rumanía, Estados miembros de la Unión, no han aplicado estas medidas, aunque está previsto que lo hagan próximamente. Además, tres de los países más pequeños del continente, Mónaco, San Marino y Ciudad del Vaticano, no forman parte de Schengen, pero han eliminado sus fronteras internas.

Desde su puesta en marcha, el Acuerdo de Schengen, que forma parte del marco institucional y jurídico de la Unión Europea, ha hecho posible más de 1.250 millones de viajes al año. Además de la libre circulación, el sistema ha supuesto la creación de estándares comunes para el cruce de las fronteras exteriores y una política única en materia de visados, así como una mejora de la colaboración entre las policías de los Estados miembros, que incluye también procedimientos más rápidos para la extradición de los delincuentes.

Pese al éxito general en su aplicación, el sistema Schengen ha recibido varias críticas en estas últimas décadas. El momento más difícil fue la crisis migratoria de 2015 y 2016, ya que los demandantes de asilo que entraban por Grecia podían moverse con libertad por el resto de los países que forman parte de este espacio común, lo que generó muchas quejas. Por ello, siete Estados, entre ellos Alemania y Bélgica, cerraron de manera temporal sus fronteras internas. Se acogieron para ello al artículo 29 del Acuerdo, que ofrece esta posibilidad “cuando el funcionamiento global de Schengen está en riesgo como resultado de deficiencias serias y persistentes en el control de las fronteras exteriores”. El cierre tendría una duración de seis meses, prorrogables hasta en tres ocasiones que no superen el medio año.

Hay otras tres disposiciones del Acuerdo que ofrecen la posibilidad de suspender temporalmente la libertad de circulación. Para empezar, están los artículos 25 y 26, cuya aplicación solo es posible por razón de una amenaza seria o motivos de seguridad interior. Esta reintroducción de fronteras debe solicitarse a la Comisión Europea cuatro semanas antes, y tiene una duración de 30 días, aunque puede prorrogarse seis meses más.

Además, el artículo 28 del Acuerdo Schengen alude a “amenazas imprevistas” para la suspensión temporal del espacio, que no necesita ser comunicada a la Comisión, pero que tiene una duración máxima de dos meses divididos en tres periodos de 20 días. Varios países lo aplicaron durante la primera ola de la pandemia de coronavirus. En total, durante los últimos 14 años, se han restablecido temporalmente los controles fronterizos en 122 ocasiones, por razones tan diferentes como los atentados terroristas de enero y noviembre de 2015 en Francia, la Cumbre Social sobre el Clima celebrada en Madrid en 2019, la gripe aviar de 2003 o la Eurocopa de fútbol de Alemania y Austria de 2008.

Casi tres décadas después de su entrada en vigor, el Acuerdo de Schengen se ha convertido en uno de los documentos fundamentales del ordenamiento jurídico europeo. Sin embargo, su reforma está en marcha. El pasado 30 de noviembre, la Comisión celebró el primer Foro Schengen para crear una Unión Europea más resiliente. De él, salieron cuatro grandes temas que podrían abordarse en una futura modificación del espacio: diversos cambios en los mecanismos de monitoreo e identificación, la revisión del Código Fronterizo de Schengen, el mejor manejo de las fronteras exteriores y el fortalecimiento de la cooperación policial y el intercambio de información.

Tras esta reunión, Margaritis Schinas, uno de los vicepresidentes de la Comisión Europea, resumió las intenciones de los organismos comunitarios al respecto de Schengen cuando declaró: “En los últimos 35 años, hemos construido una completa arquitectura Schengen para mejorar la protección del área sin controles en las fronteras internas, y debemos continuar construyendo y mejorando esa arquitectura de aquí en adelante”. La próxima reunión del Foro Schengen está prevista para abril o mayo, y se espera que de ella salga una propuesta concreta de reforma.