Un grupo de migrantes entra en Ceuta

Un grupo de migrantes entra en Ceuta (FOTO: El Periódico)

La crisis migratoria generada en Ceuta es una de las principales noticias de los últimos días. A lo largo de la pasada semana, concretamente del lunes 17 al jueves 20 de mayo, alrededor de 8.000 personas entraron en la ciudad autónoma procedentes de Marruecos, cuyas autoridades actuaron con pasividad facilitando estos movimientos. La situación ha desencadenado un aumento de la tensión en la zona, que se mantiene a pesar de la reducción drástica en el número de llegadas y que amenaza con continuar en el medio plazo. Resulta útil echar la vista atrás y recordar cuáles han sido los puntos álgidos de esta difícil semana.

Todo empezó el lunes 17 de mayo a primera hora de la mañana, cuando los espigones de las playas de Benzú y el Tarajal se convirtieron en el punto de entrada de un elevado número de personas que venían de Marruecos. La corta distancia entre ambos países, escasamente 200 metros, motivó que la mayoría entrase a nado, aunque algunos lo hicieron a pie. Pronto, las fuerzas de seguridad españolas empezaron a verse desbordadas por la situación. Los flujos se mantuvieron durante todo ese día, y a última hora de la tarde se facilitó un balance de la situación: 5.000 personas habían entrado en Ceuta, de las cuales 1.500 eran menores.

Muchos de ellos fueron devueltos a Marruecos casi de inmediato por las autoridades españolas, aunque el contingente presente en la zona era insuficiente para controlar la situación. Por ello, en la madrugada del martes 18, varias unidades del Ejército de Tierra se desplegaron en Ceuta para colaborar en el control de sus calles. En aquel momento las cifras iniciales habían subido ya hasta alcanzar los 8.000 migrantes, entre ellos miles de jóvenes y familias enteras, que habían entrado en la ciudad autónoma. Ese mismo día, el presidente ceutí, Juan José Vivas, calificó la situación como “estado de excepción”, anunció que se suspendería temporalmente la campaña de vacunación contra el coronavirus por la incertidumbre existente, y pidió al Ejecutivo que interviniese.

La respuesta a las palabras de Vivas llegó poco después por parte del presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, quien, en una declaración institucional, aseguró que se restablecería el orden en Ceuta lo antes posible, calificó a Marruecos como un aliado estratégico, e insistió en que las relaciones mutuas deben basarse en el respeto. “La integridad territorial de España, sus fronteras, que también son las de la Unión Europea, y la seguridad de nuestros compatriotas serán defendidos ante cualquier desafío”, declaró Sánchez, que anunció que visitaría la zona al día siguiente.

La crisis empezó a frenarse el miércoles 19 de mayo, cuando Marruecos cerró los pasos fronterizos con España, lo que redujo considerablemente el número de entradas. Aquel día solamente una decena de migrantes intentó entrar en Ceuta, y, según las autoridades, algunas de estas personas decidieron emprender el camino de vuelta al constatar que los puntos fronterizos estaban efectivamente clausurados. El ministro del Interior español, Fernando Grande-Marlaska, calificó en una entrevista la crisis migratoria de “situación excepcional” y mostró su confianza en que ya estaba empezando a superarse.

 

6.500 migrantes repatriados

Un día después, el jueves 20 de mayo, el propio Grande-Marlaska informó de que las autoridades habían procedido ya a la repatriación de 6.500 de los 8.000 migrantes entrados en Ceuta procedentes de Marruecos, y negó las acusaciones de algunos partidos de la oposición, que afirmaron que se habían llevado a cabo devoluciones en caliente. “Lo que se hace son rechazos en frontera – aseguró el ministro del Interior – Ha habido un ataque a las fronteras, y la respuesta no puede ser en los mismos términos”. Después del cierre de los pasos fronterizos por parte de Marruecos, la situación se estabilizó, dejando un dato final de 8.000 migrantes llegados a Ceuta, una cifra que supera ampliamente el número de entradas a la ciudad autónoma por tierra y por mar en los últimos tres años, que asciende a 5.336 personas.

Aunque la tensión se ha reducido, la situación aún no está controlada. Marruecos amenazó la pasada semana a España con un empeoramiento de las relaciones bilaterales si el Gobierno no le entrega al líder saharaui Brahim Ghali, cuyo ingreso con documentación falsa en un hospital de Logroño por coronavirus está en el origen de la actual situación. La embajadora del país, Karima Benyaich, se encuentra en Rabat tras haber sido llamada a consultas; además, la ministra de Defensa, Margarita Robles, ha desplegado a varios cuerpos del Ejército en Melilla para aumentar la seguridad en esta ciudad, ante el temor de que este sea el próximo foco de entradas masivas.

Uno de los principales retos de los próximos días será la integración de 200 menores migrantes que han sido ingresados en centros de Ceuta tras entrar de manera irregular a principios de la pasada semana. Este martes, el Consejo de Ministros aprobará una dotación extraordinaria de cinco millones de euros para ayudar a las comunidades autónomas a acoger a estas personas. Cataluña y Valencia ya han expresado su voluntad de recibir a los migrantes, mientras que Andalucía se ha mostrado abierta a cumplir con sus compromisos, aunque ha lamentado no haber sido eximida de recibir a estas personas como sí ocurre en otros territorios de llegada directa de migrantes, como Canarias o Melilla.

Detrás de la situación generada en Ceuta hay un complicado juego geopolítico que será el objeto de otro artículo. Sin embargo, existe una coincidencia en acusar a Marruecos de haber relajado su vigilancia migratoria para conseguir algo a cambio de reanudarla. Desde el Gobierno español se ha insistido en la defensa de la integridad territorial, aunque se ha puesto mucho énfasis en la importancia de las relaciones con el país alauita, que, dada la actual situación, podrían entrar en una nueva etapa.

Hasta ahora, el Ejecutivo ha rechazado la ayuda de la Unión Europea y de Estados Unidos para resolver esta situación. Sin embargo, no es descartable que, si lo ocurrido en Ceuta es el inicio de nuevos flujos masivos en otros puntos de la frontera con Marruecos, sea necesaria una estrategia más amplia para impedir que la tensión migratoria vuelva a aumentar en el medio plazo y se repita una situación como la de 2015 y 2016 a nivel comunitario.

2 comentarios en «Una crónica de la crisis en Ceuta»

Los comentarios están cerrados.