Varios migrantes son rescatados frente a las costas de Lesbos

Varios migrantes son rescatados frente a las costas de Lesbos (FOTO: ACNUR / Achilleas Zavallis)

La crisis de los refugiados de 2015 y 2016 fue uno de los momentos cruciales en el panorama migratorio europeo, que cambió completamente a partir de entonces. Las cifras de llegada de personas a los países comunitarios se multiplicaron, alcanzándose un total de 1,2 millones de solicitudes de asilo en 2015, según datos de Frontex y de la Organización Internacional para las Migraciones (OIM), que chocaron con las 280.000 entradas del año anterior. La mayoría de ellos decidió migrar ante las situaciones de peligro existentes en sus países de origen. Un lustro después, esta crisis, cuyas consecuencias aún se notan, sigue estando de actualidad.

Es muy difícil establecer cuándo empezó esta crisis migratoria. Varios expertos señalan que ya en 2014 comenzaron a registrarse incrementos en el número de llegadas por algunos puntos fronterizos motivados por las guerras de Afganistán, Siria y Libia y la inestabilidad en Irak, circunstancias que se extendieron a toda la región. En este proceso hubo una fecha crucial, el 20 de abril de 2015, cuando más de 600 personas murieron ahogadas en el Mediterráneo después del hundimiento de una embarcación frente a las costas de la isla de Lampedusa, en Italia. Aquella tragedia provocó que la realidad de lo que estaba pasando en las fronteras europeas se hiciese un hueco en las noticias de todo el continente, manteniéndose durante algunos meses.

Muy pronto los sistemas de asilo de los países europeos empezaron a verse desbordados ante el aumento en los flujos humanos. La mayoría de los migrantes, procedentes de países como Siria, Afganistán o Libia, utilizaban la ruta del Mediterráneo y pedían asilo en los Estados de la frontera sur, principalmente Italia y Grecia, pero allí no había medios suficientes para acogerles. Cada cierto tiempo, ocurría algún suceso especialmente trágico que provocaba que se multiplicasen las llamadas a la acción, como el hallazgo en agosto de 2015 de un camión frigorífico en Austria con los cadáveres de 71 migrantes o la imagen del niño sirio Aylan Kurdi muerto en la playa turca de Bodrum en septiembre de 2015.

La crisis migratoria se convirtió muy pronto en una crisis política. La Comisión Europea, con el objetivo de descargar la presión sobre los países que más migrantes recibían, ideó un sistema de cuotas para que los candidatos al asilo se repartieran entre los Estados miembros en función de su capacidad de acogida. Poco después de aquella decisión, varios países con una política explícitamente contraria a la recepción de migrantes anunciaron su oposición a la medida. Esto provocó reacciones dispares: los socios más favorables a las cuotas, como Alemania, recibieron más de un millón de solicitudes de asilo, mientras que otros, como Hungría, promovieron un referéndum para oponerse a este reparto.

Octubre de 2015 fue el mes con más llegadas de migrantes a Europa, un total de 433.620. El dato final de 2015 mostró que la mayoría de las personas que entraron en el continente durante aquel año lo hicieron por mar, un total de 1.011.700, mientras que 35.500 llegaron por tierra.  En 2016, la crisis empezó a remitir, en gran parte por las polémicas medidas tomadas por algunos países, como la suspensión temporal del espacio Schengen o la militarización de las fronteras exteriores. A finales del año, las autoridades comunicaron que se habían registrado aproximadamente 370.000 llegadas, lejos de los números de 2015.

 

El origen de la palabra migrante

Esta crisis fue la primera en la que se utilizó el término migrante para referirse a todas las personas que se desplazaron durante aquel periodo. La cadena pública británica BBC fue pionera, explicando que la situación humanitaria afectaba a personas que no habían solicitado asilo, a refugiados y a migrantes económico, y que, por tanto, era necesario buscar un término que englobase a todos ellos. La acepción se extendió a partir de entonces, y hoy se utiliza habitualmente para referirse a todos los movimientos humanos, tanto de entrada como de salida.

Una de las principales polémicas que se generó para la concesión del estatuto de asilado a estas personas es si se trataba de refugiados protegidos por la Convención de Ginebra de 1951, que exige su acogida a los países europeos, o de inmigrantes económicos que buscaban una vida mejor. Varias instituciones, como ACNUR o la OIM, consideraron probados los riesgos a la integridad de los migrantes como principal motivo de los desplazamientos y negaron que su principal condicionamiento fuera financiero. Sin embargo, esta duda sirvió como justificación para que los Estados más reacios a recibir migrantes aprobasen una cifra baja de solicitudes de asilo.

Más de cinco años después, la principal pregunta respecto a la crisis migratoria de 2015 y 2016 es hasta qué punto la Unión Europea ha aprendido de sus errores y no se vería desbordada actualmente por un nuevo aumento de los flujos humanos. La respuesta es que una situación similar sigue siendo hoy probable. Las instituciones comunitarias pusieron en marcha soluciones temporales para descargar la presión sobre los principales países de llegada, pero una vez pasados los momentos críticos, fueron incapaces de desarrollar una estructura permanente para reformar el sistema de asilo, mejorar las condiciones de alojamiento de los migrantes y resolver rápidamente las solicitudes de protección internacional. El fracaso, al menos hasta el momento, en las negociaciones del último instrumento legal, el Pacto Europeo sobre Migración y Asilo, complica aún más la situación.

Tampoco han desaparecido las causas que motivaron estos movimientos migratorios. En los países de los que procedía la mayoría de los demandantes de asilo, como Siria, Afganistán o Irak, sigue existiendo mucha inseguridad, y la integridad física de varios colectivos está en riesgo, lo que empuja a estas personas a migrar, aun a costa de arriesgar su vida. Por ello, Europa espera que una nueva crisis como la de 2015 y 2016 no ocurra en el medio plazo, ya que podría suponer problemas para hacerle frente.

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