Las autoridades italianos reciben a un grupo de migrantes llegados a través de los corredores humanitarios

Las autoridades italianos reciben a un grupo de migrantes llegados a través de los corredores humanitarios (FOTO: Comunidad de Sant' Egidio)

Los corredores humanitarios, una de las vías en alza para la concesión de derechos a los migrantes, se han desarrollado principalmente en Italia gracias a un acuerdo entre un consorcio de organizaciones religiosas y los ministerios del Interior y de Asuntos Exteriores, pero están cada vez más extendidas en varios puntos del planeta y han tenido un cierto éxito en su voluntad de dar soluciones permanentes a los demandantes de asilo. La principal característica de esta iniciativa de tipo ecuménico es que se trata de una herramienta contra la migración irregular y los traficantes de personas.

Este programa está funcionando desde febrero de 2016, cuando el Ministerio de Asuntos Exteriores, el del Interior, la comunidad de Sant’ Egidio, Cáritas Italia, la Federación de Iglesias Evangélicas en Italia (FECI) y la Mesa Valdense firmasen un memorándum de entendimiento para facilitar la llegada e integración de un millar de refugiados procedentes del Líbano, Marruecos y Etiopía. La iniciativa, con una duración original de dos años, tenía una serie de objetivos, entre ellos prevenir la muerte de los refugiados que intentaban cruzar el Mediterráneo en barco y permitir que los migrantes entrasen en Italia mediante la concesión de visados humanitarios.

En los seis años de historia de este sistema, los corredores han permitido que más de 2.000 personas accedan a Italia y otras 350 a Francia de forma legal y con un visado humanitario. Cuando, en 2018, se cumplió el periodo inicial de dos años de la iniciativa, esta se renovó y extendió, con la firma el año siguiente de otro pacto para permitir que 600 migrantes y personas vulnerables viajasen al país transalpino procedentes de Jordania, Líbano, Etiopía y Níger. Una vez estas personas llegan, solicitan asilo y, por el momento, casi todos ellos han recibido protección internacional como refugiados.

Gran parte del éxito de los corredores humanitarias se debe a que la organización se implica en todos los pasos del proceso: en el origen, se pusieron en marcha una estructura fija para controlar todo el desarrollo y decidir qué personas pueden beneficiarse de él, y algunos de los trabajadores acompañan a los migrantes que viajan hasta Italia; y una vez se ha producido la llegada, hacen todo lo posible por facilitar su integración. Los responsables del programa ofrecen un año de apoyo que incluye el alojamiento, la asistencia legal y claves para aprender el idioma, y mantienen esta ayuda en el medio plazo.

Las personas que pueden beneficiarse de este tipo de ayuda humanitaria han perdido sus hogares o a alguno de sus familiares, han sido encarceladas o torturadas o sufren graves problemas de salud. El programa solamente cubre una parte del total de las llegadas de los solicitantes de asilo, pero las organizaciones que lo componen están trabajando para incluir a cada vez más personas en dichos corredores. Los responsables de este sistema están convencidos de que se podría reducir el flujo de personas que llegan irregularmente por mar si se ofrecen más vías seguras de entrada e integración para los solicitantes de asilo.

La puesta en marcha de los corredores humanitarios empezó a planearse el 3 de octubre de 2013, cuando un barco con refugiados y migrantes naufragó frente a las costas de Lampedusa, provocando la muerte de más de 300 personas, y varios mandatarios europeos coincidieron en que era necesario trabajar para impedir que esto se repitiese. Tras la firma del memorándum de entendimiento, varios responsables institucionales se manifestaron a favor. “Los corredores humanitarios son un mensaje que recuerda a Europa que construir muros no es la solución para resolver la crisis migratoria”, declaró en febrero de 2016 Paolo Gentiloni, entonces ministro de Asuntos Exteriores italiano.

Los corredores humanitarios no solamente se ciñen al ámbito migratorio, sino que también se han extendido a otros campos y países, como Colombia, donde varias organizaciones han establecido iniciativas de este tipo para garantizar que la comida y los medicamentos llegasen a las personas más necesitadas, o Siria, con la reapertura en marzo de 2021 de la zona desmilitarizada de la provincia de Idlib, controlada por varios grupos terroristas, para permitir que los civiles que quieran puedan abandonar esa zona sin riesgo de sufrir ningún daño.

Solamente en 2021, se han firmado dos pactos de este tipo: en abril, la comunidad de Sant’ Egidio y los ministerios franceses de Interior y Asuntos Exteriores aprobaron la puesta en marcha de las condiciones para la recepción de 300 refugiados vulnerables procedentes de Siria e Irak, que sucederá a otro vigente desde 2017 que ha permitido la entrada en Francia de 504 personas. Además, el Ministerio del Interior italiano acordó el pasado mes de abril con ACNUR un nuevo protocolo para acoger esta vía a 500 personas originarias de Libia.

En 2019, la iniciativa de los corredores humanitarios recibió el Premio Nansen para los Refugiados de ACNUR, lo que supuso un espaldarazo para sus artífices. “Con este programa, buscamos promover la solidaridad entre las personas, compartiendo las responsabilidades con las instituciones. Esperamos de verdad que las vías seguras se conviertan en la norma y dejen de ser la excepción”, declaró entonces Oliviero Forti, responsable de la Oficina de Políticas de Migración y Protección Internacional de Cáritas en Italia.