La frontera austriaca

La frontera austriaca (FOTO: picture alliance/Jan Hetfleisch/EPA/dpa)

Austria recibió el año pasado 14.200 solicitudes de asilo de migrantes, su número más alto desde 2017. Esta cifra choca tanto con el descenso de un 31% en las llegadas a nivel europeo a lo largo de 2020 como resultado de la pandemia de coronavirus como con la política puesta en marcha por el Gobierno de Viena, que es contraria a la acogida de estas personas. Esto se ha evidenciado con la respuesta del ministro del Interior austriaco, Karl Nehammer, que anunció la creación de procedimientos de asilo más rápidos para acelerar el rechazo de estas personas.

Muchas de las personas que pidieron asilo en Austria lo hicieron porque fue ahí donde la policía les detuvo, y el reglamento de Dublín obliga a registrar la petición de ayuda internacional en el primer país de llegada. Sin embargo, el objetivo de la mayoría era llegar a Alemania o a otros Estados del norte de Europa donde las condiciones fueran mejores para ellos. Según fuentes del Ejecutivo austríaco, la razón de este incremento es que este país se encuentra en una posición geográfica muy cercana a la ruta de los Balcanes, de la que forman parte Estados como Rumanía, Bulgaria y Croacia que también han registrado incrementos en los flujos migratorios.

Desde que el Gobierno conservador de Sebastian Kurz tomó posesión en 2017, su dirección política se ha mostrado contraria a cualquier tipo de acogida migratoria. “Debe quedar claro que no hay asilo para los migrantes económicos en Austria”, declaró en febrero el ministro del Interior. Por su parte, el propio Kurz tiene una posición particularmente dura contra las migraciones. En septiembre de 2020, el canciller afirmó que Europa se había equivocado de dirección al permitir la entrada de un elevado número de migrantes en la crisis de 2015 y 2016, e insistió en que la prioridad de las instituciones comunitarias debía ser reforzar los puestos de entrada y no ofrecer nuevas plazas para demandantes de asilo.

Este punto de vista ha quedado claro con algunos hechos que se han producido en los últimos meses. El pasado 29 de enero, el Gobierno decidió deportar a tres menores de entre 5 y12 años, a pesar de que estaban integradas en la sociedad austriaca, lo que provocó grandes movilizaciones en las principales ciudades del país. Anteriormente, el 10 de septiembre, El Ejecutivo había rechazado un plan de Michael Ludwig, alcalde de Viena, para que la capital acogiese a 100 menores no acompañados que venían del campamento de Moria, en Grecia, al mismo tiempo que desplegaba drones para controlar sus fronteras exteriores.

 

"Ya hemos acogido suficientes migrantes"

A su vez, la Comisión presentó, en septiembre de 2020, el Pacto Europeo sobre Migración y Asilo, que incluía nuevas medidas para mejorar la situación humanitaria en el continente. Varios países se opusieron a él, y uno de los más contundentes fue Austria. En una rueda de prensa, el canciller Kurz declaró que el plan comunitario para redistribuir migrante entre los Estados había fracasado, y afirmó: “Nuestro país ya ha acogido a más de 200.000 personas en los últimos años, es suficiente”. En los meses posteriores, el Gobierno de Viena ha reiterado su posición contraria a la propuesta de la Comisión, que actualmente se encuentra en fase de negociación.

La política migratoria del canciller austriaco se mantenido firme a pesar de la inestabilidad política del país. En 2017, Sebastian Kurz, candidato del Partido Popular Austriaco (ÖVP), formó gobierno con una formación de ultraderecha, el Partido de la Libertad de Austria (FPÖ). Sin embargo, un escándalo político provocó que el Gobierno de coalición cayese en 2019, y que, tras unas nuevas elecciones ganadas por Kurz, este pactase con Los Verdes, a pesar de que estos tenían unas posiciones migratorias muy diferentes a las suyas. Esto no ha impedido que el canciller haya seguido aplicando su programa, pese a las quejas de algunos de los miembros de su gabinete.

La postura austriaca respecto a la situación humanitaria ha generado algunas críticas por parte de los socios europeos. La última de ellas fue la de Jean Asselborn, ministro de Asuntos Exteriores de Luxemburgo, que culpó en septiembre de 2020 a Kurz de la crisis de refugiados en Europa, ya que este se había negado a cumplir el acuerdo para acoger a los menores que venían de Moria. También las organizaciones humanitarias han denunciado en repetidas ocasiones que la situación va a peor y han pedido la intervención europea. “El Gobierno de Viena se está esforzando mucho en no integrar a aquellos que no pueden dejar el país porque se les ha concedido el asilo o no pueden ser deportados”, acusó en 2018 Heinz Patzelt, secretario general de Amnistía Internacional en Austria.

Desde hace casi un lustro, Austria se ha aliado en políticas migratorias con países como Hungría o Polonia, que han rechazado cumplir sus compromisos de acogida y han aprobado leyes que limitan los derechos de los migrantes. En todo este tiempo, el Gobierno de Viena se ha esforzado en impedir la entrada de personas en situación irregular, y ha ignorado y criticado las políticas europeas, de las que ha llegado a afirmar que provocan cambios permanentes en las sociedades de recepción.

Estas posturas en materia migratoria pueden mantenerse por el hecho de que actualmente no existe ningún instrumento a nivel europeo para obligar a un país a cumplir con sus compromisos humanitarios ni para multar una infracción de estos. No parece probable que la Comisión vaya a probar una legislación definitiva, lo que permitirá que los Estados críticos, entre ellos Austria, sigan llevando a cabo sus políticas restrictivas sin ninguna consecuencia legal.