Una mujer en una población devastada por la sequía

Una mujer en una localidad devastada por los efectos del cambio climático (FOTO: Iberdrola)

La migración por razones climáticas es uno de los tipos más desconocidos y a la vez cruciales de los actuales flujos humanos a nivel internacional y se refiere a todas las situaciones en que una o varias personas han tenido que abandonar sus lugares de residencia por un empeoramiento continuado o súbito de las condiciones medioambientales. Por estas causas se produjeron 24,9 millones de desplazamientos internos solamente en 2019, una cifra tres veces mayor a la del número de movimientos humanos causados por conflictos y violencia. Los expertos han advertido en repetidas ocasiones que es urgente actuar para paliar los efectos que las circunstancias climáticas extremas pueden tener en las migraciones internacionales.

Un comentario previo a las migraciones por motivos medioambientales es que existe cierta confusión terminológica. Al referirse a ello, muchos medios hablan de “refugiados climáticos”; sin embargo, dicha figura no está recogida en la Convención de Ginebra, lo cual dificulta la protección y cuantificación de estas personas. Por ello, la Organización Internacional para las Migraciones (OIM) propuso en 2011 una posible definición de migrantes climáticos: “los migrantes por motivos ambientales son personas que, a debido a cambios repentinos y graduales en el medio ambiente que inciden negativamente en sus condiciones de vida, se desplazan de manera temporal o permanente a otras partes de su propio país o fuera del mismo”.

La migración climática tiene su Norte y su Sur. El Norte genera la mayor parte de las emisiones, y el Sur padece las consecuencias, por su especial estado de vulnerabilidad, y genera los mayores movimientos humanos. El impacto del calentamiento global ha provocado que sus efectos, como la elevación del nivel del mar, los huracanes, los tifones o las sequías, se aceleren. Como resultado, las personas que viven en los ambientes más vulnerables, localizados generalmente en los países del Sur, tienen que migrar de manera temporal o permanente.

La mayoría de los desplazamientos por motivos ambientales son internos, y los migrantes climáticos suelen mudarse generalmente cerca de su residencia habitual para poder regresar si la situación lo permite. Sin embargo, algunas personas sí se ven obligadas a abandonar su país, trasladándose a lugares de ingresos bajos y medios.

Son precisamente estos Estados, con una gran dependencia de la agricultura, donde los efectos de las migraciones climáticas pueden ser más graves y duraderos, según un estudio de la revista Nature Climate Change. La misma investigación identifica que las zonas geográficas más afectadas por estos fenómenos son América Latina y el Caribe, determinadas partes del África subsahariana, en particular la región del Sahel y África oriental, y el oeste, sur y sureste de Asia.

 

¿143 millones de migrantes climáticos en 2050?

Las actuales previsiones relativas a las migraciones climáticas no son buenas. En 2019, el Banco Mundial publicó un documento con una conclusión preocupante: si no se toman medidas concretas de manera inmediata, 143 millones de personas podrían verse afectadas por la migración climática. La advertencia de esta entidad no es la única, ya que el Panel Intergubernamental sobre el Cambio Climático (IPCC), organismo dependiente de la ONU, ha expuesto recientemente que algunos fenómenos que ya están ocurriendo, como la degradación de la tierra utilizada para la agricultura y la ganadería, y el agotamiento de recursos naturales vitales como el agua dulce, tendrán un importante efecto sobre los patrones migratorios.

Sin embargo, estos mismos expertos insisten en que aún no es demasiado tarde. En el documento anteriormente citado, el Banco Mundial explicaba los pasos que habría que dar para detener las causas que provocan las migraciones climáticas. Estos se resumen en tres: reducir las emisiones de gases de efecto invernadero, lo que servirá para reducir la magnitud general de estos flujos humanos; transformar la planificación del desarrollo, para tener en cuenta el ciclo completo de la migración climática; e invertir en datos y análisis, lo que permitirá mejorar la comprensión de las tendencias y trayectorias de este tipo de movimientos humanos.

Las migraciones climáticas han llegado para quedarse, y, aunque afectan más a los países de ingresos medios y bajos, nadie está a salvo, como se ha visto recientemente en Estados Unidos. Las cifras actuales y las perspectivas pueden ser alarmantes, pero es posible contener estos flujos poniendo en marcha medidas contra el cambio climático y el empeoramiento de las condiciones en los países de origen. Pocas personas dudan ya de que el calentamiento global y los cambios medioambientales son una realidad, pero solamente la voluntad política y la aprobación de medidas pueden ayudar a mitigar algunas de sus consecuencias más graves para la humanidad. Uno de los efectos de mayor impacto será, sin duda, la migración por motivos climáticos.

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